Comentario evangelio 31.03.2021

Comentario evangelio 31.03.2021

Evangelio San Mateo 26, 14-25

¡Queridos Amigos!

MIÉRCOLES SANTO. Seguimos acompañando a Jesús en estos días de Pasión. Os comenté el otro día que esta Semana me quería adentrar en los sentimientos, en las emociones vividas por Jesús en este Tiempo. Continuamos en el contexto de la última cena, si bien estos tres días previos, vamos descubriendo detalles y estados de ánimo de lo que pasó en el momento cumbre de la institución de la Eucaristía.

Hoy descubrimos como Jesús ya anuncia que está cerca su Hora y todo ha de quedar cumplido. Todo, hasta los detalles más insignificantes. Si os fijáis, Jesús les dice a los discípulos que vayan a la ciudad a casa de fulano. Nunca se ha sabido con exactitud quién era esta persona que cedía la casa a Jesús. Nos han dejado la imaginación abierta y así lo hicieron los Evangelios apócrifos, si bien, con poco acierto para algunos y sin una unificación en la doctrina de los exégetas (sabemos que son los estudiosos de la Biblia).

Jesús no tenía casa en Jerusalén. La persona que tuvo el privilegio de acoger a Jesús y los suyos en esta Última Cena, se sentiría muy privilegiado. ¿Os imagináis que es cualquiera de nuestras casas? ¿Qué hoy nos dice que vayamos preparando nuestras casas porque Él quiere celebrar la Pascua con nosotros?

Pues yo creo que sí. Qué nos quedan unas horas para para preparar nuestra casa por fuera y por dentro. Él quiere reposar con nosotros. Quiere vivir estos momentos esenciales para la humanidad en nuestra casa. Nunca mejor dicho. El Evangelio se hace muy real porque es en CASA donde estamos aprendiendo a vivir esa intimidad con Dios que los laicos necesitamos tanto.

Desde hace muchos años, estamos hablando de preparar nuestras propias “capillitas” en casa. Ese Rincón de Oración donde nos podamos encontrar de una manera especial con Él. Cada uno tiene el suyo y lo estamos convirtiendo en centro de la CASA. Los laicos, no tenemos oratorios cómo los religiosos, pero nuestra casa también puede ser un Lugar de Encuentro con Él. Y un lugar donde toda la familia, se pueda reunir a rezar. No importa el espacio. Puede ser un rinconcito de la habitación. Cada uno sabe el mejor lugar. Sin embargo, si es un lugar especial porque nos pasamos ratos IMPORTANTES de oración.

El año pasado, debido al confinamiento, tuvimos que vivir toda la Semana Santa en nuestras casas y con un Silencio que jamás habíamos escuchado en las ciudades y pueblos.  Este año, podremos celebrar los Oficios en la parroquia.  Y la vez, podemos ser ese Fulano del que Jesús necesita su casa para preparar la Pascua. Preparar estos días, la Liturgia con una Lectura lenta y sosegada del Evangelio de cada día, rezar los Salmos con toda nuestra atención y dejando que el Corazón se llene del Espíritu Santo.

Hoy me he fijado en otro sentimiento de Jesús que se esconde en el Evangelio y es:

LA LIBERTAD Muchas veces, hemos contemplado esta Libertad de Jesús en su vida cotidiana. Hoy es máxima. De hecho, se enfrentan en esta escena dos libertades: La de Jesús y la de Judas.

En el Evangelio de hoy aparecen los dos polos extremos del poder humano: la libertad de entregar/traicionar (abismo de apostasía: Judas) y la de entregarse/darse (la cumbre del amor más grande por los demás: Jesús). Entre ambos polos, cada uno es libre de moverse, de llevar a cabo sus opciones cotidianas, pero el Evangelio nos hace conscientes de una realidad: en los dos extremos está o el poder de Dios o la fuerza del maligno.

Estas palabras, pertenecen al estudio exegético del Evangelio de hoy que a continuación os envío. Estos días os envío textos largos para contemplar. Leer con lentitud y con mucho Espíritu de recogimiento para que la Palabra anide realmente en nuestro corazón.

Al ser largos, tenemos todo el día para buscar diferentes momentos de quietud. No perdamos la oportunidad de vivir esta Semana especialmente unidos a Cristo y no perdamos tiempo en cosas que nos aparten de Él. Busquemos organizar en Tiempo de tal manera que estos días, Él sea el privilegiado de nuestra agenda, aunque sigamos con nuestras obligaciones familiares diarias y personales.

 

ESTOS DÍAS, OS ENVÍO ESTUDIOS MUY BELLOS SOBRE LA PALABRA DE CADA DÍA. SON LARGOS. SIN EMBARGO, NOS SIRVEN DE CATEQUESIS PARA IR ABRIENDO MÁS Y MÁS EL CORAZÓN.

 OS ENVÍO LOS TEXTOS DE HOY:

Este año podemos salir a la calle, el pasado no. ¡Qué no se pierda la esencia de intimidad que aprendimos a disfrutar la Pasada Semana Santa!

La escucha de la presente perícopa siempre es inquietante: “Uno de los doce”, uno de los amigos más íntimos, de los compañeros cotidianos, de los discípulos a los que enseñó con mimo particular, “fue…” por iniciativa propia, por libre opción, a proponer la entrega de Jesús a los sumos sacerdotes, que no deseaban otra cosa (vv. 3-5). Y desde entonces, como fiera al acecho, Judas vive al lado de Jesús buscando “la ocasión propicia” (vv. 16s). Aun siendo capaz de una iniquidad que supera los límites humanos (es obra de Satanás: cf. Lc 22,3 y Jn 13,2), la libertad del hombre entra en el plan de Dios: es lo que Mateo deja entender en el v. 15, citando a Zac 11,12 sobre el precio pactado con Judas. Todavía más significativo es el uso teológico, común en todas las narraciones de la pasión y de sus predicciones, del verbo paradídomi, “entregar”. Este verbo expresa, por un lado, la entrega-traición por parte de los hombres y, por otro, la entrega-don que el Padre hace del Hijo y Jesús hace de sí mismo, hasta la suprema entrega del Espíritu en la cruz (Jn 19,30).

El esmero con que tradicionalmente se prepara el rito pascual asume un significado más profundo (vv. 17-19): Jesús sabe que se acerca su kairós (v. 16), su hora, el tiempo del acontecimiento escatológico establecido por Dios. Y ordena disposiciones muy precisas, porque “ardientemente he deseado comer esta pascua”‘, en este rito, sustituirá el nuevo memorial al antiguo, dejándonos su cuerpo y su sangre como comida y bebida.

Esta entrega de sí mismo con el mayor amor acontece en una atmósfera cargada por el anuncio de la traición (“entrega”). Cada uno, herido en su interior, desconfía de sí mismo y también de sus propios compañeros. Surge un coro de preguntas, pero mientras los otros apóstoles se dirigen a Jesús con el apelativo de “kyrios”, Señor, Judas le llama simplemente “rabbí”. Este Maestro es realmente el Señor, que conoce a su traidor, por el cual se cumple la Escritura.

 

MEDITATIO

Jesús revela quién es Dios y quién es el hombre manifestándonos en su propia historia divino-humana el misterio de la libertad de ambos. Aparece claramente en la pasión, cuando personas y acontecimientos parecen coartarlo, quebrantarlo, hasta clavarlo en la cruz. En el Evangelio de hoy aparecen los dos polos extremos del poder humano: la libertad de entregar/traicionar (abismo de apostasía: Judas) y la de entregarse/darse (la cumbre del amor más grande por los demás: Jesús). Entre ambos polos, cada uno es libre de moverse, de llevar a cabo sus opciones cotidianas, pero el Evangelio nos hace conscientes de una realidad: en los dos extremos está o el poder de Dios o la fuerza del maligno. Pero hoy no sólo aparece la enorme y vertiginosa capacidad de la libertad humana, sino que también se nos muestra algo de la libertad de Dios: su omnipotencia, que brinda al hombre la salvación sin forzarle; su amor, que se entrega -en el Hijo- a sí mismo para que el hombre no sea presa eterna y casi ignorante del pecado. Desde siempre Dios había preparado esta pascua; y cuando el Hijo del hombre vino a cumplirla entre nosotros, se ha abierto a toda criatura un nuevo horizonte ilimitado de libertad: la libertad de amar incluso dando la vida para encontrarse en plenitud en el seno amoroso de la Trinidad.

 

ORATIO

Señor Jesús, déjanos hoy confesar ante ti y concédenos, para hacerlo, un corazón verdaderamente arrepentido y palabras humildes y sinceras. Somos nosotros, Señor, los que te hemos vendido, y no sólo una vez.

Cada día especulamos con tu persona y vivimos de esta mísera ganancia; nosotros, los amados por ti. ¿Nos puedes todavía soportar como íntimos en tu casa, para comer el pan de tus lágrimas y beber la sangre de tu dolor? Vendido por nosotros por una miseria, tú nos has comprado, Señor, al precio infinito de tu sangre. Haz, te suplicamos, que, a través de la herida de tu corazón, podamos penetrar y establecernos siempre en la comunión de tu amor. Amén.

 

CONTEMPLATIO

Judas dejó el puesto que Jesús le había asignado en la comunidad apostólica para “irse a su lugar”. Se ha separado de los demás, de la comunidad; llegó hasta este extremo progresivamente: en primer lugar, se fue replegando sobre sí mismo, siguiendo un camino muy suyo, y finalmente se fue a su lugar. Ciertamente, al principio estaba muy lejos de querer traicionar al Maestro. La situación política de Israel era muy compleja, y mucha gente prudente del pueblo se preguntaba si Jesús no era un motivo de desorden. En efecto, ¿qué pruebas había de la misión de Jesús?

Es cierto que Judas debió de atormentarse interiormente, rumiando muchas dudas y pensamientos oscuros. Pero no los compartió con los otros, y quizás fuese ésta la causa de sus ilusiones, de su ceguera y su obstinación. Estaba solo, cerrado en sí mismo. Y en estas circunstancias, nos hacemos incapaces de juzgar las cosas con objetividad. No se comunicaba con los hermanos, reflexionaba solo y andaba a su aire […]. “A su puesto” (R. Voillaume, Cartas a los hermanos, Madrid 1973).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Judas aparece como el protagonista de la liturgia de los tres primeros días de la Semana Santa: el Evangelio siempre habla de él. Y Judas está presente también en el cenáculo. La presencia de Judas en medio de los doce, en torno a la mesa de Jesús, es, indudablemente, el hecho más inquietante entre los hechos, todos inquietantes, que se condensan en vísperas de la pasión del Señor. Es la presencia del enemigo entre los amigos, del que golpea en el momento y lugar en que se precisa la confianza, porque nadie puede ya defenderse con ninguno.

Jesús no ignora esta presencia, no la pasa por alto; pero, a la vez, no descubre a Judas, no le acusa, no discute con él, no trata de defenderse. No calla a propósito de dicha presencia, para hacerse también presente a él hasta el final. Los doce, sin embargo, tratan de descubrir quién es el que de ellos miente: y en esta tentativa sucumben y caen en la antigua ley de la sospecha recíproca generalizada, de la acusación, de la división. De aquí nace siempre la crisis de la relación fraterna y de comunión: del temor de ser traicionados, del temor de que otro se aproveche, de la pretensión imposible de poner a prueba y verificar las intenciones del otro. No existe otra manera de vencer al traidor que entregarse en sus manos y poner en manos de Dios la propia causa. Pensemos en cuántas desavenencias, cuántas ofensas, cuántas prepotencias, se esconden en nuestra vida por la sospecha. Para sentarse en torno a la mesa de Jesús es preciso fiarse uno de otro sin pensar en el precio que puede costar esta confianza (G. Angelini, L¡ amó sino alia fine, Milano 1981, 40s).

 

¡¡¡Un abrazo fuerte a todos!!!

Custodia Cordis❤️