Comentario evangelio 28.03.2021

Comentario evangelio 28.03.2021

Evangelio San Marcos 14, 1-15, 47

¡¡¡Queridos amigos!!!

Así nos llamaba Jesús, AMIGOS. Hoy vamos a acompañarle con la multitud de personas que le recibieron en su entrada triunfal en Jerusalén.

Si recordáis, durante muchos días hemos acompañado a Jesús de camino de camino a Jerusalén. Él sabía que esa ciudad era su destino, pero en este recorrido largo de tres años de vida pública, nos ha dejado muchísimas enseñanzas, curaciones, enfrentamientos con los fariseos y sacerdotes cuando no interpretaban bien la Ley de Dios.

Le hemos visto sólo caminando junto al mar de Galilea, le hemos visto en el desierto y viviendo allí una experiencia real de conocimiento de su propio Padre, le hemos visto rezando muchas veces y siempre antes de tomar decisiones importantes en su vida. Le hemos visto eligiendo a los Apóstoles, compartiendo con ellos el día a día y siendo un maravilloso Maestro. ????????????????

Le hemos visto Amar. Así nos dice San Juan que sentía en relación con tres hermanos. Marta, María y Lázaro. Los amaba, dice el Evangelio. Le hemos visto llorar, emocionarse, manifestar sentimientos de angustia, de miedo, pero siempre equilibrado, sin perder el ánimo, porque Él venía a OBEDECER a su Padre y a hacer las obras de su Padre.

Le hemos visto defender a las mujeres, darles una dignidad que nadie jamás les había otorgado, le hemos visto abrazar a los niños y proteger sus derechos evitando y condenando a aquellos que les escandalizasen. Le hemos visto amigo de los pobres, abrazando a los leprosos, la hemorroisa, los excluidos por la ley de la Pureza. Le hemos visto enseñando a todos con una sabiduría que venía de la Palabra. Le hemos visto resucitando a varios muertos.

Le hemos conocido en una relación preciosa con su Madre y su Padre en la Tierra de quienes aprendió a rezar y a trabajar y a la vez, les educó cómo sus primeros discípulos, quizás por lo que les hizo sufrir.

Y hoy le vemos en una actitud casi insólita. Jesús por primera vez, se va a dejar querer. Hoy quiere que le queramos. No va a pasar desapercibido. Todo lo contrario. Acepta una entrada triunfante en Jerusalén, como un Rey, que es lo que era, y, sin embargo, ese triunfo estaba precediendo a un gran fracaso. Entra triunfante humanamente, acabará absolutamente derrotado y muerto injustamente y al final vencerá en Jerusalén por medio de Su Resurrección.

Hoy, vamos a meternos en esa multitud qué es lo que celebraremos el domingo de Ramos en la procesión con las palmas y vamos a ser uno más. Hoy necesita más que nunca que le queramos.

Hoy Jesús se deja querer.

Quiere que le reconozcamos como Rey de nuestro corazón. Pero de verdad. No en teoría. No cómo algo aprendido. Hoy necesita qué le amenos por encima de todo.

¿Nos da vergüenza amarle? Esa multitud ahora sigue existiendo, pero en el infinito. En la profundidad de nuestro corazón que es con quién definitivamente quiere encontrarse está Semana Santa.

Recordemos todo el día que hoy.

SE VA A DEJAR AMAR

No paremos de Amarle y no tengamos vergüenza en amarle y seguir a esos niños que cuando entraba en Jerusalén cantaban: ¡¡¡¡¡Hosanna!!!!!????????????????????????????

Os dejo ahora con una reflexión preciosa de una misionera dominica, de un protagonista fundamental en el primer texto de este domingo y es:

El burrito que llevó a Jesús.

Es muy bonita.

El burrito que carga a Jesús

En ocasiones escuché a mi orientador de estudios, el profesor Milton Schwantes, hablar sobre el impacto teológico causado por el pasaje evangélico concerniente a «la entrada de Jesús a Jerusalén». Él decía: «estaba preparando una predicación, y llamó mi atención las veces que el “burro” es mencionado en el texto. Del burro se habla en todas partes, incluso es señalado más que el propio Jesús. Así que centré la reflexión en torno del burro».

El profesor no dio detalles de la reflexión ni indicó la fuente evangélica consultada. Pero siempre quedé curiosa por indagar ese pasaje. De él se habla en: Mt 21,1-10, Mc 11,1-11, Lc 19,28-38 y Jn 12,1-19. Schwantes, uno de los biblistas, reconocido por su contribución teológica en América Latina, ya no está más físicamente entre nosotros, pero quiero extender su pensamiento en estas pocas líneas, compartiendo con los lectores este pequeño análisis que tal vez escape de modelos exegéticos de interpretación.

Si tomo como referencia el evangelio de Lucas, puedo afirmar que el título «Señor», aplicado a Jesús, es frecuente en su obra. Tal título era atribuido a los gobernadores políticos del Imperio Romano, buscando destacar la supuesta «condición divina» que se otorgaban. Para el evangelista, sólo Jesús debe ser el auténtico portador de tal mención honorífica. Pero este «Señor», deja a todos desconcertados porque una cosa es lo que de él divulgaron las «malas lenguas» y otra, muy diferente, es la intención del propio Jesús. En este sentido, el burro se presenta como un recurso de interpretación fantástico.

Jesús manda a los discípulos a un lugar cercano en busca de un burro. Aunque se tratara de un animal popular entre los pobres, ni siquiera el maestro contaba con uno: lo pide prestado. Noten que el animal estaba «amarrado» y tenía dueño; por eso recalca: «si les preguntan díganle: “el Señor lo necesita”». Observo que, en su sabiduría, las cualidades del burro son de quien le va a dar uso, no del propietario. Según la tradición, el Mesías entraría en una cabalgadura semejante (Is 62,11; Za 9,9). Hay, pues, en la teología bíblica, un proyecto de paz y justicia sin pompa ni superfluidad, que germina desde la sencillez y la humildad.

Los discípulos y amigos de Jesús le prepararon el burro para que lo montase. Es el comienzo de una nueva misión, de una nueva propuesta, de un nuevo estilo y, al mismo tiempo, de una nueva teología. Ese animal, «insignificante» entre los de su época, es ornamentado con el recurso de los pobres: sus propios mantos. Con este gesto los pobres hablan de un despojo extraordinario. Los pobres se convierten en pedagogos porque la vida les enseña a improvisar aquello que les hace falta. Ellos preparan la entrada de su «Rey» e inauguran las señales del nuevo Reino. El burrito

avanza decidido y satisfecho y, junto a Jesús, comparte los aplausos y el compromiso. En mi opinión, la multitud empobrecida se sentía identificada con esa propuesta.

El profesor decía: «¡Nosotros somos el burrito!».

Entiendo que ser cristiano es cargar a «Jesús» en nuestros hombros. Como el burro del Evangelio, estábamos amarrados y sin oficio, hasta que Jesús nos invitó a colaborar en su proyecto. Él nos torna útiles, personas con sentido e inspiración para avanzar en la nueva misión, una misión en la que no brillamos, sino que mostramos el rumbo trazado por Jesús. Con esta invitación Él nos dignifica y, al mismo tiempo, nos desconcierta. El burro va allí donde lo dirigen; sin dejar de beber, comer y rebuznar, es obediente, trabajador e itinerante. La pedagogía divina es extraordinaria. Esta vez no necesita discursos porque el gesto evangeliza mediante la teología del camino.

Ser burros, en este sentido, significa asumir la carga y la satisfacción de caminar con Jesús en dirección al Reino.

Dra. Ángela Cabrera

(Misionera Dominica).

¡¡¡Un abrazo fuerte a todos!!!

Custodia Cordis❤️