Comentario evangelio 26.07.2021

Comentario evangelio 26.07.2021

Evangelio San Mateo 12, 31-35

¡Queridos Amigos!

Las Parábolas de hoy del Evangelio, nos recuerdan mucho a este tiempo de verano que invita a contemplar la naturaleza.

Jesús, hoy nos revela que habla en Parábolas porque así se cumple lo que estaba escrito y además que nos va a narrar: Hablaré por medio de parábolas, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Jesús es la Palabra de Dios y con metáforas fáciles de entender nos está presentando el Reino de Dios.

Y nos quiere explicar que es un Reino que aparentemente no se ve. Dios lo ha sembrado en el mundo y tarda en crecer. La semilla de mostaza, conocemos todos que es muy pequeña, y, sin embargo, se convierte en un árbol enorme. Crece unos tres metros hacia el cielo y hay muchos en Palestina.

La levadura, también parece insignificante y sin embargo fermenta la harina y se hace grande.

Por ello, no debemos desesperar cuando nos sentimos muy pequeñitos o cuando lo que hemos sembrado, no se ve. Todo lo contrario. Jesús nos enseña a tener paciencia, muchísima confianza en que Dios hará crecer nuestras semillas. Las dotará de buena tierra, agua, abono, viento propicio.

No dependen de nosotros muchos de los elementos que son imprescindibles para el crecimiento de esta semilla de mostaza. Uno de ellos es el tiempo. Pero sí depende de nosotros, saber dónde está la verdadera finalidad de lo que hacemos.

No lo está en compararnos con los demás. Ni siquiera en quejarnos o sentirnos victimistas cuando vemos lo que no nos gusta y nos llenamos de desolación ante la realidad a veces, poco elegante de los que no son nobles con lo que hemos planteado y lo desprecian, ignoran o critican.

En esos momentos, solo una Palabra puede salvar nuestra ofuscación: La semilla no es nuestra. Es del Creador. Él nos la ha encomendado, pero sigue siendo suya. Él hará prosperas todas nuestras empresas porque hemos puesto la confianza en su Fidelidad.

Así es la vida. Hay una gran lección de paciencia. Saber esperar el momento oportuno para cada cosa, con la iluminación que hemos de pedir insistentemente en la oración.

Es precioso, madurar por dentro y saber esperar en la Palabra del Señor. Confiar que todo lo que nos ha sembrado en el corazón, crecerá a su tiempo y dará cobijo a muchos.

El Reino de Dios parte siempre de lo pequeño, de lo insignificante a los ojos de los hombres y, sin embargo, en ese poder del Creador, en su Gracia y su energía, veremos los milagros que anhela muestro corazón.

Jesús nos ha venido a publicar todo lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Y es bellísimo lo que hoy nos enseña. Dios está en constante creación. No puede parar de crear por su propia esencia. Y en esa creación, estamos cada uno de nosotros. Lo que nos revela, estaba oculto antes de la creación porque es justo ahora cuando lo hace real. Y cuando nos toca los corazones para ayudarle a fructificar esa semilla o nos necesita cómo levadura en una sociedad que tiene hambre y sed de justicia, nos está entregando lo que no era para que sea.

Lo importante es seguir siendo fieles a sus designios justo cuando no vemos nada. En esos momentos, podemos caer en la creación de ídolos cómo hizo el Pueblo de Israel cansado del desierto.

Aron no fue fuerte con su pueblo, y permitió que crearán el becerro de oro. Sin embargo, Moisés, desplegó todo su carisma y su don de profecía e insistió en la destrucción de los ídolos y la continuidad en la Confianza de Dios.

De él hemos de aprender a ponernos límites cuando vemos que la desesperación anida sobre esa semilla que es realmente en Reino de Dios para el mundo. Ante la prueba, no hay que acoquinarse. Abrazarla, comprenderla y después del tiempo prudencial de recuperación de nuestras fuerzas, seguir adelante.

Sobre todo, regaremos la semilla que se nos ha encomendado, con el alimento diario de la Palabra del Señor y de la comunión de su Cuerpo en la Eucaristía. Esa espera será muy fructífera, si aprendemos a esperar llenándonos de su voz en cada Evangelio que día a día, nos regala nuestro despertar.

Nos da algo que parece insignificante y, sin embargo, lo que no podemos ver, es precisamente aquello que estamos llamados a custodiar en la esperanza y la confianza segura de que crecerá y veremos lo que no nos imaginamos.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️