Comentario evangelio 24.09.2021

Comentario evangelio 24.09.2021

Evangelio San Lucas 9, 18-22

¡Queridos Amigos!

En la Palabra de hoy, Lucas no establece el lugar geográfico donde estaba Jesús, pero si nos dice que se encontraba orando, y desde esta actitud les pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Estudiando hoy el Evangelio, he encontrado la referencia de diferentes momentos en los que Lucas, nos habla de la oración de Jesús:

En el evangelio de Lucas, en varias oportunidades importantes y decisivas Jesús aparece rezando: en el bautismo, cuando asume su misión (Lc 3,21); en los 40 días en el desierto, cuando vence las tentaciones del diablo con la luz de la Palabra de Dios (Lc 4,1-13); por la noche, antes de escoger a los doce apóstoles (Lc 6,12); en la transfiguración, cuando con Moisés y Elías conversa sobre la pasión en Jerusalén (Lc 9,29); en el huerto, cuando se enfrenta a la agonía (Lc 22,39-46); en la cruz, cuando pide perdón por el soldado (Lc 23,34) y entrega el espíritu a Dios (Lc 23,46).

Todo ello me invita a fijarme que antes de tomar decisiones trascendentes en su vida, Jesús entraba en una completa intimidad con su Padre. Y no es un hecho superficial, nos invita a imitar una conducta de vida. Saber detenernos ante las dificultades o momentos de discernimiento serios de nuestra historia y buscar realmente una profunda conversación con Dios donde podamos entregar nuestras dudas, elaboración de razonamientos, miedos, inseguridades y objetivos, proyectos, esperanzas, nos dará un gran aplomo y estructura en nuestros pasos y decisiones.

Les iba a preguntar sobre quién decía la gente que era Él y, sobre todo, les iba a explicar de nuevo su verdadera misión que debía pasar por la Cruz, el rechazo, el juicio, el abandono y al final, la Resurrección, la gran acción de Dios sobre Él.

Pero sorprende, porque cuando Pedro le reconoce como El Cristo de Dios, el Mesías esperado por el Pueblo de Israel, les dice que no digan nada a nadie. En este punto nos encontramos con el Tiempo de Dios.  Jesús sabía que todavía no había llegado su tiempo, y también custodiaba con este silencio que pedía, la voluntad del Padre, y que no se adelantaran los acontecimientos que ahora les exponía.

Hemos de aprender a guardar en nuestro corazón todo aquello que todavía no se ha realizado, que necesita de la maduración del tiempo de Dios. Hay una frase de un escritor cubano tan famoso allí, como Cervantes en España que dice: «Las cosas para que se den, han de andar ocultas. En el silencio tenía que ser».

Saber callar, guardar en nuestro corazón como lo hacía María, momentos trascendentes de nuestra vida, es una forma de equilibrio personal que Jesús nos regala.

Muchas veces, el exponer a todo el mundo lo que está aconteciendo, solo nos quita fuerza y energía. La gente habla, comenta, y confunden sin conocer lo que se ha de hacer. Es difícil saber afrontar desde esa soledad interior, llena de Dios, los acontecimientos. Sin embargo, los hombres y mujeres que han llegado muy lejos en sus objetivos, han trabajado en silencio.

Ese pudor interno de nuestra intimidad, hoy se ha perdido. Estamos muy faltos de recogimiento. Todo se publica al segundo. Parece que sin móvil no podemos salir de casa, estamos en una sociedad altamente incomunicada. Ello nos va creando una inseguridad subconsciente porque todo se comparte, y la opinión ajena tantas veces, adopta más relevancia en nuestras decisiones, que nuestro verdadero discernimiento interior fruto de un proceso de maduración conjunto de la mente, la fe, la razón y el corazón.

Nos da pereza detenernos a pensar, y dejamos la responsabilidad de nuestras acciones a los demás, que seguro, no tienen la visión completa del asunto, y, sin embargo, opinan como verdaderos jueces y nos sentimos casi obligados a obedecerles.

Jesús nos quiere autónomos en el sentido de dueños de nosotros mismos, con criterio y pautas de actuación que vienen de una vida estructurada en la fe y la armonía interior. Él nos escucha con una atención absoluta y si aprendemos a escuchar ese silencio donde Él habita, le escucharemos también y nuestras decisiones empezarán a tener un sabor de trascendencia donde las tonterías quedan diluidas.

No significa que no consultemos a los que realmente consideramos preparados por su experiencia y fe, para ayudarnos. Claro que compartir y ampliar nuestra visión nos enriquece siempre, pero desde un señorío interior sobre nuestras circunstancias y no desde una dependencia insana que busca fuera la solución de los problemas que solo en nuestra morada interior pueden encontrar un verdadero camino.

La Cruz forma parte de nuestra existencia. Así lo anuncia hoy Jesús. Habrá cruz, soledades duras en momentos decisivos, rechazos, críticas…Así lo afirma hoy nuestro gran Maestro. No nos debe sorprender tanto el sufrimiento, es esencial en nuestra trayectoria. Pero no podemos olvidar jamás la Resurrección. Nada tendría sentido sin la esperanza de la Resurrección. Aprender a transitar por los momentos de dolor de la mano de Jesús, es una asignatura de gran nivel para cada uno de nosotros.

Seamos dóciles a la Cruz y llevémosla con la elegancia y dignidad que Jesús nos enseñó.

Y cómo pregunta el Evangelio de hoy, nos quedamos con un escrutinio precioso para este día de la Mercè: «Y tú, ¿quién dices que soy Yo?».

¡Un abrazo fuerte a todos!

Custodia Cordis❤️