Comentario evangelio 24.04.2021

Comentario evangelio 24.04.2021

Evangelio San Juan 6, 60-69

¡Queridos Amigos!

Reflexionando en oración sobre el Evangelio de hoy, me ha invadido un sentimiento de tristeza. Tristeza al pensar lo que significaría para Jesús, después de haber explicado con tanto amor que Él es el Pan de Vida, saber que sus propios discípulos le estaban criticando.

Y aquí me detengo para que juntos podamos contextualizar de nuevo el momento litúrgico en el que nos encontramos.

Estamos transitando de lleno la Pascua del Señor. Cincuenta días para meditar y contemplar lo más grande entre lo grande. La Resurrección de una Persona. La Resurrección que implica no solo la superación de la muerte física, sino también, la Vida real después de esa muerte durante toda la eternidad.

Si a nosotros nos cuesta entenderlo, de alguna manera, podemos vislumbrar lo difícil que sería para esos discípulos que sí habían convivido con Jesús y le escuchaban directamente.

Durante estos Cincuenta días, estamos inmersos en el Evangelio de San Juan. El discípulo amado, y el único de los Apóstoles que estuvo al pie de la Cruz. Sabemos también que no murió martirizado, sino de muerte natural por la avanzada edad.

Era un místico. Un teólogo del Corazón de Jesús que tanto amó, y sus Evangelios (escribió también el Apocalipsis), se centran esencialmente en esas conversaciones de Jesús donde su Padre y la relación de filiación con el mismo, era el centro. Jesús hablaba con un amor infinito del Padre. Nos enseñó a llamarle así, cambiando sustancialmente la visión de ese Dios lejano del Pueblo de Israel.

Estamos en una Sinagoga. La de Cafarnaúm. Jesús les ha explicado a los suyos que Él es el verdadero Pan de Vida, y les ha regalado unas catequesis preciosas, que esta semana hemos recibido también nosotros en los textos de estos días.

Ha entregado todo su ser para explicarles y explicarnos que Él ha bajado del Cielo. Y que, aunque regrese de nuevo al Padre hasta que vuelva a este mundo (cómo está anunciado) se quedará cada día con nosotros. Y lo hará por medio de su Palabra y de su propio Cuerpo, en el Pan y el Vino, que tendremos realmente en medio de nuestro mundo, y dentro de nuestro ser, cada vez que comulguemos.

Se queda realmente. No es un símbolo, es su Cuerpo y es su Sangre. Es Él Vivo. Resucitado.

Y ahora os explico mi tristeza al acompañarle en el dolor que sentiría al saber que le estaban criticando:

«En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron:

Este modo de hablar es duro, ¿Quién puede hacerle caso?

Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada.

Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen».

En la charla de Comunicación no violenta que tuvimos el pasado domingo, y fue tan ilustrativa, la ponente dijo varias veces, que Jesús estaba continuamente conectado consigo mismo. Esa conexión le venía de su conexión constante con el Padre.

Esta idea es muy esperanzadora. Ante la crítica, no se paraliza. Tampoco reacciona con ira, ni se va cabizbajo y con sensación de impotencia. ¡Al contrario! Les fórmula una pregunta que les interpela: ¿Esto os escandaliza?

Jesús se quedó muy solo ese día, pues muchos de los que le seguían, le abandonaron. ¿Os imagináis que, en cualquiera de vuestros ambientes, presentáis unas ideas muy buenas que tenéis y que sabéis pueden ayudar mucho a los demás, y no os creen, o se levantan y se van de la reunión, y os critican y se apartan de vosotros?

Pues es doloroso para cualquiera de nosotros en los limitados proyectos que podemos tener, ¡Imaginemos, el Corazón de Jesús menospreciado y rechazado!

Pero, sobre todo, me imagino la tristeza que Él sentiría por su Padre. Es el Padre quien nos regala la maravillosa historia de su Hijo, su Vida, y todas sus Palabras. Para que no le sintamos cómo un Dios lejano, sino muy cercano, que se comunica con sus Hijos, y, Jesús no puede dejar en muchos corazones, la bondad de quién más quiere.

Supongo que, con palabras llenas de ternura, se dirige a los Apóstoles y les pregunta:

«¿También vosotros os vais a ir?»

Esta frase, es la que hoy nos increpa llena de amor. ¿Nos vamos a ir de Él? Cómo Pedro, le decimos al unísono:

«¿A quién vamos a acudir que nos dé Palabras de Vida Eterna?»

¡¡Palabras de Vida eterna!! Llenas del Espíritu Santo que tantas veces, traspasa la impotencia de nuestro cuerpo cansado física o psicológicamente y nos llena de un vigor, de una energía y de una esperanza que jamás nada ni nadie nos podrá dar y lo sabemos.

Le tenemos en el Pan de la Eucaristía, y no vamos a recibirle, ni le adoramos cómo realmente se merece. El Dios nuestro que no nos ha abandonado y espera solitario tantas veces, nuestra visita y nuestra Comunión.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️