Comentario evangelio 22.07.2021

Comentario evangelio 22.07.2021

Evangelio San Mateo 13, 10-17

¡Queridos Amigos!

Hoy la Iglesia celebra una fiesta preciosa. Santa María Magdalena.

Hace pocos años que la han nombrado Apóstol de los Apóstoles. Una mujer increíble que supo custodiar el Corazón de Cristo.

Ella es protagonista en la Cruz y Dios le concede el inmenso regalo de un reencuentro imposible pues se convierte en la primera testigo de la Resurrección, sin contar con la Virgen que seguro ya habría visto a su Hijo.

En el Evangelio de hoy ¡¡cuántas emociones y sentimientos se despliegan!!

Ella se levanta muy temprano y va al sepulcro. Vive la experiencia de la separación y la frustración. Aun así, quiere estar cerca de su gran Amigo del alma. De su Maestro. De su Dios. He leído hoy que se la reconoce por autores como la Mujer Esposa.

Me ha gustado esta acepción. Ella como mujer siente la perdida del amado. Ella le consoló en la Cruz y le miraría con toda la fuerza del corazón que una mujer puede desplegar. La Virgen sostenía la humanidad y Divinidad de su Hijo en esa Cruz. Su papel fue decisivo en la corredención del mundo. María Magdalena, sostuvo con su presencia femenina, la humanidad de ese Hombre perfecto que sufrió por nosotros hasta la última gota de su sangre.

Maltratado, deformado, ante quién se vuelve el Rostro pues era fealdad de una cara destruida por el odio. Sin embargo, Las Santas Mujeres nunca dejaron de ver su Hermosura. Con sus lágrimas, bañaban la sangre que corría el Cuerpo del Hombre más bello de este mundo. Con sus manos, acariciaban la piel derrotada de un Hombre que estaba amando hasta en extremo. Con sus miradas, sostenían esa mirada que estaría llena de tristeza y amor.

Y Dios Padre permitió el grandísimo milagro de este bellísimo encuentro con Jesús Resucitado.

Ella perseveró en el sufrimiento. Estuvo al lado del sepulcro creyendo en lo imposible y custodiando lo incomprensible. Y la vida cambió por completo para ella y para todos.

Jesús se le apareció. No con el cuerpo que tenía antes de morir, sino con un cuerpo glorioso. Y le reconoció cuando Él pronunció su nombre. Cómo el Buen Pastor hizo con las ovejitas. Su Voz era la misma y el tono de su amor al encontrarse con María Magdalena, no había cambiado.

Ella ahora iba a integrar esa perdida, mediante un nuevo comienzo. Muchas veces buscamos a Jesús en lo viejo y Él siempre nos espera en lo nuevo.

La Gracia del Espíritu Santo, no puede sustituir nuestra humanidad y cambiar en nosotros lo que nos atormenta, pero sí puede junto a nuestro deseo, transformar los límites que nos impiden ser libres y crear nuevas conductas que nos capacitan de forma diferente y transfigurada.

No hemos de tener miedo a iniciar un exilio de nuestro corazón desde lo viejo que nos esclaviza hacia lo nuevo donde Jesús Resucitado y Vivo, transfigura toda nuestra existencia.

Ella fue apóstol de los apóstoles y no tuvo miedo a mantener su autoridad, aunque al principio no la creyeron porque su única fe estaba puesta en su Gran Amor.

¡Qué tengamos nosotros ese amor de María Magdalena y la osadía de la confianza sin límites por encima del que dirán!

¡¡Un abrazo fuerte a todos!!

Custodia Cordis❤️