Comentario evangelio 22.06.2021

Comentario evangelio 22.06.2021

Evangelio San Mateo 7,1-5

¡¡Queridos Amigos!!

Hay Evangelios que son difíciles de explicar. Que aparentemente nos asaltan y nos intimidan. En el fondo, es la Palabra que penetra en nuestra alma y no pasa desapercibida.

Hoy se habla de no dar lo “santo” a los perros ni las “perlas” a los cerdos. Incluso Jesús nos explica que los perros se pueden revolver hacia nosotros y despejarnos.

Tanto los perros como los cerdos, en la época de los judíos tenían un estigma. Los perros, eran animales salvajes y famélicos. Comían de lo que sobraba y no estaban bien alimentados. De ahí que, en el supuesto de darles de comer y acercarte a ellos, podían agredir al propio hombre que les hacía ese bien.

Los cerdos, eran animales impuros en el Antiguo Testamento. Contextualizado el centro del Evangelio, se nos invita a dos Palabras importantísimas en una vida de crecimiento interior:

Discernimiento y prudencia

Lo Santo y las Perlas, es algo muy grande. Y hoy se nos dice que no se pueden dar a todo el mundo. Y me lleva este Evangelio a la propia vida. Muchas personas tienen la experiencia de haber dado mucho a gente que después se han devuelto contra ellas y les han hecho mucho daño. El daño de la indiferencia, del desprecio, del silencio agresivo, de la humillación, vejaciones o injurias.

Jesús era plenamente humano y nos advierte de lo humano. De esos sentimientos y emociones que también hemos de proteger y custodiar. No podemos ir con las perlas de nuestro corazón y toda la riqueza que contienen y entregarlas a cualquier persona. Todo lo contrario. Hemos de saber discernir muy bien a quien entregamos un poquito de nuestro tesoro más preciado, que es el corazón.

La sociedad de hoy en día, está muy necesitada de amor y por ello, se desprecia tanto lo sagrado. Lo Santo, lo que realmente puede darnos vida y sed en ese vacío existencial, es lo más importante que puede adquirir el ser humano.

Pero, si no está preparado para escuchar, podrá ensuciar lo que se le da equivocadamente. Muchas personas, mendigan afectividad a cualquier precio y pueden manifestar una apariencia que después, es muy contraria a la verdadera rectitud de intención.

Hemos de ser equilibrados a la hora de dar ¿Por qué lo digo? Porque es Jesús el que nos enseña la prudencia, la justicia, la ecuanimidad y el discernimiento. Ojo con la falsa caridad, lo decía un sacerdote, cuyo libro os recomiendo:

“El Criterio de Balmes”, cuya publicación original es de 1845, pues, él enseña muy bien a no caer en sentimentalismo que nos alejan de la verdad.

Nuestra vida es una gran perla. Sabemos que las perlas son una inflamación de la ostra. Es decir, que, del sufrimiento, nace la perla. No todos pueden entendernos y sobre todo, hemos de custodiar mucho nuestro corazón, para no caer en dependencias dañinas.

Sabiduría y discernimiento son pautas de conducta de una vida equilibrada en Cristo. No es incompatible con la predicación del Evangelio. Sin embargo, el mismo Jesús, nos protege y no solo en este Evangelio, también en otros donde refiriéndose a la Paz, advierte que, si en la casa que entres, no admiten tu paz, la recojas y te vayas de ese lugar, y te quites el polvo de las sandalias. No nos está educando en una personalidad débil, sino fuete y atractiva.

No todo el mundo, merece lo mejor. Y salir de los que roban la energía y nos convierten en víctimas del abuso interior, es una obligación del corazón.

Acaba el Evangelio, con la imagen de dos caminos. Uno lleva a una puerta ancha y por ahí transitan muchos. Jesús nos permite elegir entre este camino, y otro que es estrecho y angosto, si bien es el que nos lleva a la vida eterna. No sólo en el cielo, también en esta tierra.

Es un camino de trabajo personal diario, anclado en la oración, en una vida de rectitud de intención y en la perseverancia. Orar, llamar y buscar.

Tener una vida interior sana, implica cuidar el corazón, el alma, el cuerpo y el ser. Igual que alimentamos el cuerpo y hemos de saber cuidar nuestras comidas, hemos de custodiar nuestra alma y alimentar así todo nuestro ser.

El camino estrecho nos lleva al dominio con nosotros mismos, a saber, responder sin reaccionar frente a las actitudes agresivas del otro. Nos lleva a una modificación cognitiva de nuestra mente y a la elección consciente de actitudes sanas tomas desde la calma interior.

Cuanto más agitados andemos, más hemos de acudir a la conducta contraria y reducir ansiedad y caminar serenos, con la cabeza alta y la mirada con brillo de mirar al cielo como meta y fin de nuestra existencia. Ello nos hará apasionados de la vida y enamorará al mundo.

¡¡Un abrazo fuerte para todos!!

Custodia Cordis❤️