Comentario evangelio 21.10.2022

Comentario evangelio 21.10.2022

Evangelio San Lucas 12, 54-59

¡Queridos AMIGOS!

Tres Palabras nos preceden hoy: Saber, discernir, juzgar.

Estamos ante un Evangelio que tocó tanto al Papa Juan XXIII, que le hizo convocar a la Iglesia para discernir sobre los signos de los tiempos y cómo Dios nos llama a través de los acontecimientos concretos del momento histórico en el que vivimos.

Jesús nos refiere al Tiempo Presente.

¡Qué responsabilidad ser conscientes de que se nos llama a través, también del tiempo presente en nuestra historia personal! Jesús utiliza ejemplos reales del día a día de la gente de su época que hoy muchos sabrían interpretar.

Lo hace por medio de la naturaleza. Jesús sabe descubrir el misterio de Dios en toda su Creación. Hoy leía un texto en el que se señalaba que el primer Libro de Dios es la propia naturaleza donde están recogidas muchas llaves de puertas que ayudarían a nuestro corazón a encontrar la Paz que tanto anhela y que nadie nos puede dar como Dios. Su segundo Libro, fue la Biblia.

Y esa naturaleza se puede entender. Si hay nubes que vienen de occidente, los hombres de campo, saben que va a llover. Si sopla un viento del sur, habrá bochorno, cómo los que están cerca del mar, distinguirán en la navegación.

Y si el hombre, puede entender parte del funcionar en el universo, ¿No somos capaces de saber discernir sobre el Tiempo presente?

¡Nos llama Hipócritas! No se queda corto. Me lleva este punto a la Primera Lectura de hoy donde San Pablo nos relata su drama interno. Esa fragmentación donde todos nos enfrentamos a esa enorme batalla entre el bien y el mal.

San Pablo nos lo dice: «No hago el bien que quiero sino el mal que aborrezco.» Incluso nos distingue entre la Ley de Dios y la Ley del pecado que relata: «Lucha contra el dictado de mi mente

San Pablo, nos dice hoy: ¡Pobre de mí! Así estamos todos. En un combate diario en nuestro fuero interno. Sin embargo, no podemos olvidar que Dios nos mira y lo hace con un amor inmenso para que nos sintamos Custodiados, incluso en el abismo más profundo donde muchas veces nuestra alma queda atrapada.

Por eso, Jesús nos enseña el grandísimo DON DEL DISCERNIMIENTO.

Saber comprender los signos del cielo y de la tierra, es causa grave en nosotros, de atención y discernimiento. Dios nos llama en el momento histórico concreto en el que nos ha creado. Y desde siempre contaba con nosotros para ayudarle a corredimir al ser humano contemporáneo a nuestra existencia.
No podemos cerrar los ojos y dejar que las cosas pasen sin que nos impliquemos en aportar nuestra esencia desde la fe. El pecado de omisión es muy frecuente en todos. Dejamos pasar muchas cosas, también en nuestra vida privada, donde Dios nos necesita.

¡No estoy hablando de entrar en política o en las instituciones! Cada uno tiene su propia vocación profesional y sabe lo que ha de hacer. Me refiero a estar muy preparados para saber dar RESPUESTA a los hombres y mujeres de este momento concreto de la humanidad.

Hemos de estudiar y formarnos en una visión antropológica del ser humano, para ayudar al hombre, a la mujer, a los niños, jóvenes y adolescentes de hoy que han perdido el rumbo de su corazón, porque ya no conocen a Jesús.

Es responsabilidad de todos, llevar a Cristo a las realidades cotidianas de nuestra sociedad. Y ello implica estar muy preparados. Y no se trata de dejar esta labor a otros. Cada uno de nosotros, está llamado por Dios en este momento concreto y hemos de responder desde esa fe que los propios acontecimientos sociales, nos mueve a aumentar.

El final del Evangelio, es muy significativo. Nos invita a la absoluta reconciliación y perdón entre unos y otros. Y nos habla por medio de metáforas o parábolas, de la sabiduría de ponernos en paz con nuestro adversario antes de llegar al juez, no sea que éste nos acabe encarcelando.

El perdón, no es una recomendación más o menos relevante, es imprescindible para nuestra salvación. Jesús murió perdonando. No podemos mantenernos en el odio. Es contrario a la Ley de Dios. Hemos de vigilar incluso, nuestra forma de hablar y vibrar la política. Podemos pensar lo que queramos y gustarnos más unas ideas que otras. Pero no podemos quedar atrapados por los rencores, irás, venganzas y odios históricos, vengan de quien vengan.

Nuestro Reino es el de Cristo y en ese Reino se llega al absurdo de: Amar al enemigo. A ello estamos llamados. Y no exige comer con él como si nada, sino entrar en nuestro corazón. Y no permitir, desde esa fe martirial que la historia nos está marcando, que las emociones más primarias me dominen, y el juicio y destrucción del otro, sea mi mira obsesiva que es donde nos quieren llevar los que dominan el mundo.

¡Un abrazo fuerte a todos!

Custodia Cordis❤️