Comentario evangelio 21.07.2022

Comentario evangelio 21.07.2022

Evangelio San Mateo 13, 10-17

¡Queridos Amigos!

El Evangelio de hoy es difícil de entender. Sin embargo, está lleno de una certeza que ni siquiera los Apóstoles, pudieron vivir en plenitud. ¡Sí realmente pudiéramos ver con nuestros ojos la verdad de un Jesús que sigue VIVO y escuchar con nuestros oídos, cada una de sus Palabras, que continúa pronunciando cada mañana, como lo hizo cuando estaba en la tierra, nuestra vida psicológica, sería muy diferente!

Hoy nos invita a la abundancia:

«Al que tiene se le dará y al que no tiene, se le quitará lo poco que tenga.» Nos pide tener. Proveernos de Confianza, fe, positividad, saber que podemos conseguir nuestras metas. Querer conseguirlas.

Caminar con la frente alta, con mucha valoración sana de nosotros mismos, con la certeza de que poner límites desde la paz y el amor, es dignificarnos y dignificar al otro.

Vamos muchas veces por la vida, cómo almas en pena. Cada vez más, se busca en otras fuentes (redes sociales), la solución a un gran vacío interior. Y más y más. Caminar así, es No tener, No saber. Que si miramos y escuchamos cómo Él nos pide, todo será diferente.

Él es el único que puede sanar nuestro corazón. Hoy nos lo dice. Y nos recuerda, que lo tenemos embotado y no entendemos nada de nada.

Cómo es un Evangelio muy importante, os envío la Lectio Divina de hoy, para poder meditarlo a lo largo del día:

En el Sermón de las Parábolas, inserta Mateo la pregunta sobre el “porqué” de las parábolas y del rechazo de la Palabra de Jesús por parte de Israel. Era ésta una pregunta importante para los cristianos de las primeras comunidades, que, por una parte, se encontraban frente a la necesidad de explicar e interpretar un tipo de anuncio que se había vuelto inaccesible de manera inmediata y, por otra, sufrían la oposición y el escándalo del pueblo elegido, que, en una gran parte, no había acogido al Mesías.

La respuesta parte del reconocimiento de la antítesis aparecida ya en la parábola del sembrador: hay quien se muestra disponible y quien, por el contrario, ofrece resistencia a la Palabra de Jesús. La diferente disposición interior establece la diferencia entre el “ver” y el “oír”: conversión y consecuente bienaventuranza para los unos, incomprensión y exclusión del don para los otros. El texto profético de Is 6,9ss, en el que Dios anuncia al profeta los obstáculos que encontrará en el ejercicio de su misión, da razón de lo que antes Jesús y después la Iglesia tendrán que vivir.

Si bien el lenguaje semítico refiere a Dios la causa primera de los acontecimientos, no es ciertamente él quien determina la docilidad y la dureza del corazón. El hombre está llamado a asumir en primera persona la responsabilidad de su propia elección frente a la Palabra que hoy se le dirige, puesto que hoy es el tiempo favorable para la salvación (cf. 2 Cor 6,2).

MEDITATIO

No es difícil ver, si miramos alrededor, cuántas relaciones superficiales existen. Y no sólo las de “conveniencia”, en las que apenas se intercambian el saludo o dos palabras sobre el tiempo o sobre el partido de fútbol, sino también en otras que son fundamentales: entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre personas que comparten una misma opción religiosa, ¡existencia!…

Vemos relaciones sin raíces profundas, que terminan. Y estaría bien que nos preguntáramos por qué resulta tan difícil embarcarse en un compromiso que dure toda la vida. La Palabra del Señor nos propone hoy que miremos dentro de nuestro corazón, que lo toquemos, que verifiquemos la disponibilidad que tiene para hacer un esfuerzo e ir más allá de la superficialidad; también en nuestra relación con el Señor. De manera diferente, nos escapa el sentido de lo que vivimos, y puede pasarnos que seamos como los judíos, que, por no mostrarse disponibles a comprometerse a fondo con el Señor, rechazaban su amor vivificante por cultos de muerte.

Resulta paradójico, pero tal vez no alejado de nuestra experiencia, que -estando hambrientos de amor- no veamos a Dios, que es amor, y no escuchemos en serio su Palabra; que -estando desorientados por el vacío y la falta de sentido del vivir- cerremos los ojos y los oídos frente a quien nos da testimonio de Dios como verdad y como vida. Toquemos nuestro corazón: todavía estamos a tiempo de convertirnos.

ORATIO

Es verdad, Señor, a veces soy precisamente un holgazán. El empleo de productos de todo tipo “listos para usar” me ha acostumbrado al “todo fácil”, al “todo enseguida”, y me he convencido de que también en las cosas del espíritu funcionan las cosas así. Confieso, Señor, que he preferido las muchas palabras brillantes, aunque inconsistentes, proclamadas por el charlatán de turno, a tus palabras, duras de comprender, pero vivificantes.

También yo he pensado que la fe en ti era una baratija infantil, una baratija que hemos de conservar en el desván, metida en el baúl de los viejos recuerdos…

Perdóname, Señor, no he comprendido nada. Sostén en mí el deseo de convertirme a ti: necesito unos ojos limpiados por la fe y unos oídos que no se confundan entre tantos sonidos, sino que sepan distinguir tu voz.

Necesito, sobre todo, Señor, un corazón disponible para acoger la verdad sobre ti y la verdad sobre mí, dispuesto a amar y suficientemente humilde para dejarse amar como tú quieres amarlo. Lo necesito y sé que tú estás dispuesto desde hace mucho tiempo a darme todo esto: sólo estás esperando mi “sí”. Entonces podré correr y calmar mi sed ardiente no en los “aljibes” de la moda y del mercado, sino en la “fuente de agua viva” de tu Palabra y de tus sacramentos. Y tal vez, si yo voy, también otros vendrán conmigo.

CONTEMPLATIO

Oh, si tú, Dios misericordioso y Señor piadoso, te dignaras llamarme a la fuente para que también yo, junto con todos los que tienen sed de ti, pudiera beber del agua viva que mana de ti, fuente de agua viva. Oh Señor, tú mismo eres esa fuente eternamente deseable, en la que continuamente debemos beber y de la que siempre tendremos sed. Danos siempre, oh Cristo Señor, esta agua viva que brota para la vida eterna. Tú lo eres todo para nosotros: nuestra vida, nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra bebida, nuestro Dios. Te ruego, oh Jesús nuestro, que inspires nuestros corazones con el soplo de tu Espíritu y que traspases con tu amor nuestras almas, para que cada uno de nosotros pueda decir con toda verdad: “Hazme conocer a aquel que ama mi alma” (cf. Cant 1,6); estoy herido, en efecto, por tu amor (Columbano, Instrucción XIII sobre Cristo fuente de vida, 2ss.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️