Comentario evangelio 21.07.2021

Comentario evangelio 21.07.2021

Evangelio San Mateo 13, 1-9

¡Queridos Amigos!

Del Evangelio de hoy, me ha llamado la atención cuando dice que Jesús salió de su casa y se fue a orillas del mar.

¡¡Salió de su casa!! Tenía su hogar. Era cercano, vivió como nosotros en su día a día.

Hoy nos habla de la semilla que el sembrador tira en diferentes tierras y las que fructifican y las que no.

El sembrador es nuestro Padre. La Semilla, la Palabra de Dios. La tierra, nuestros corazones, nuestras vidas. Fructificar en tierra buena, es nuestra misión.

Llenar la tierra del amor de Cristo, es un bello ideal de vida.

Jesús utiliza unas Parábolas que están muy relacionadas con la realidad de las personas de su época. Cómo he estudiado en la Lectio Divina (Santa Clara):

“Todo el capítulo 13 de Mateo está consagrado a la enseñanza de las parábolas de Jesús y a la explicación de algunas de ellas. En total aparecen siete parábolas sobre el tema del Reino, recogidas por el evangelista en este capítulo. Tienen como escenario -más que sugestivo- el lago de Genesaret y la barca desde donde habla Jesús. De ahí que, por lo general, estas parábolas reciban unas veces el nombre de «parábolas del lago» y otras el de «parábolas del Reino». Mateo pretende mostrar con estas palabras la fuerza misteriosa del Reino de Dios, que, a través de muchos obstáculos, vence al mal arraigado en el mundo.

La primera de estas parábolas es la del sembrador. Bajo las sencillas apariencias de una descripción de la siembra, circunstancia conocida por todos, la parábola brinda una gran enseñanza, comprensible en buena parte para todos, en virtud de la magistral plasticidad del relato. En primer lugar, están el sembrador (que representa al mismo Jesús) y la semilla (la Palabra de Dios). Vienen, a continuación, las diferentes clases de tierra, con sus obstáculos, y las diferentes vicisitudes que encuentra la semilla en su crecimiento. En función de las dificultades con que se encuentre, la semilla se desarrollará o no, e incluso llegará a secarse y morir. El último cuadro de este crescendo en la «carrera de obstáculos» nos muestra la «tierra buena» (v. 8), que se abre de manera generosa para recibir la semilla. Aparece asimismo un detalle tomado de la experiencia cotidiana de la cosecha: en la misma tierra buena se produce una cantidad diferente de fruto, pues algunas espigas dan el ciento por uno, otras el sesenta, otras el treinta. En la parábola, todo está en función de un solo resultado: el crecimiento de la semilla”

Por ello es de suma importancia ser conscientes que esa semilla de su Palabra, ha de ser trabajada en la tierra de nuestro corazón. Habrá días que echará buenas raíces, otros que la ilusión del inicio nos emocionará, pero la falta de atención o el cansancio, provocarán que esa Palabra sin raíces, muera y no de fruto.

Otras veces, estaremos laborando nuestra tierra y el demonio, nos robará la semilla. Lo hará con dureza porque sabe que nuestra perseverancia en la Fe y la Confianza en la Palabra, harán de nosotros personas de mucha autoridad y los frutos estarán muy unidos a la extensión del Reino de Dios ahí donde estemos.

Si nos fijamos en la Primera Lectura de hoy (El pueblo murmura contra Moisés porque en el desierto empiezan a encontrarse con los obstáculos), observamos una palabra clave: La murmuración. Seguimos siendo esclavos de nuestros ídolos, de nuestras dependencias en Egipto. Salir de la “zona de confort”, no es nada fácil y aunque veamos los múltiples milagros que Jesús ya ha hecho en nuestra historia y cómo nos ha liberado del ser dependientes de una dependencia afectiva muy destructiva, cuando las cosas se ponen complicadas y la desidia, desesperación, frustración, cansancios, abandonos, críticas, incapacidades personales, brotan de nuevo ( así es nuestra realidad natural de subidas y bajadas), empezamos a murmurar contra Dios o contra el otro de una manera muy sutil al principio y poco a poco, nuestra semilla se queda ahogada entre cardos.

Tenemos un Padre increíblemente misericordioso y aún en estos momentos, cómo lo hizo con el Pueblo Judío, nos llenará de maná y codornices. Él sabe de nuestras limitaciones y de la verdad de nuestro corazón y sigue custodiando nuestros desiertos.

El peligro está en nuestra ceguera. También nosotros apartamos la mirada de nuestro Dios y nos construimos Becerros de oro. La idolatría siempre está acechando de manera dañina. Idolatrar es muy fácil y va unido a la falta de Confianza. Incluso acabamos exigiendo de nuestro Creador que nos dé más y más.

Y nos olvidamos, que un Padre que ama, siempre educa y lo hace porque ha diseñado nuestro propio corazón y comprende todas nuestras acciones.

Su ley interior, la Ley natural que llevamos implícita en el ADN, es la que, gracias a Dios, va marcando nuestro rumbo y modificando muchas veces por medio de las propias pruebas de la vida, esa conducta, pensamiento o sentimientos, que nos mantienen alejados de nosotros mismos y de los demás y nos llevan a una estructura de vida muy ahogada donde perdemos la alegría interior, ya que no ha nacido arraigada las semillas constantes que Jesús siempre diariamente en nuestro Corazón.

Seamos valientes y salgamos de nuestra idolatría cuando el desierto se convierte en tierra muy árida. Dejemos en esos momentos más que nunca, que el propio segador, trabaje nuestra tierra, aunque duela.

La mirada puesta en el cielo y los frutos serán inmensos.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️