Comentario evangelio 21.03.2021

Comentario evangelio 21.03.2021

Evangelio San Juan 12, 20-33

¡¡Queridos Amigos!!

Qué domingo más hermoso para entrar de lleno en la Pasión del Señor.

Él hoy nos la anuncia. Y lo hace con una infinita ternura. Les dice a los suyos:

Mi alma está turbada. Ha llegado la Hora. 🙏 Jesús aprendió obedeciendo por medio del sufrimiento a desarrollar no solo su divinidad, sino su humanidad.

Estos días, estamos llenos de esa humanidad maravillosa de un Hombre que realmente ha dado su vida por sus Amigos.

En el Evangelio de hoy, unos griegos quieren conocerle. Ojalá seamos nosotros cada día esos griegos que desean conocer a Jesús.

CONOCERLE

Es lo mejor que nos puede pasar en esta vida. La Pasión y la Resurrección están íntimamente unidas. No podemos pensar en una sin la otra.

Así en nuestras vidas nos encontraremos tantas veces turbados. Lo importante es que entendemos, cómo lo hizo Jesús, que la solución ante el sufrimiento, no está en huir de esa HORA donde Dios nos espera, sino de saber que, en esa Hora de dolor, Dios, cómo a Jesús, nos está glorificando y con ello, nos está amando con una intensidad jamás vivida desde la perspectiva de ningún ser humano.

Difícil de entender. Por eso, hoy os invito a contemplar esta escena y a sentirnos también esa semilla que ha de morir para dar fruto.

Morir en nuestra cotidianidad en tantas pequeñas situaciones que afectan a nuestro ego. Morir para dejar de tener miedo a la muerte y salir al encuentro del que nos necesita, que son muchos.

Os trascribo las Palabras de la Lectio Divina de Hoy que son muy hondas para meditar este Santo Domingo.

El próximo ya es Domingo de Ramos. No perdamos hoy la oportunidad de seguir transitando por la Cuaresma del 2021:

ORATIO

También nosotros queremos verte, Jesús, en esta hora en que, como semilla, te siembras en la tierra de nuestro dolor y germinas en apretada espiga, esperanza de mies abundante. Tú nos descubres qué dulce es morir para el que ama y se da con alegría. Perder la vida por ti y contigo es encontrarla. Entonces hasta el llanto florece en sonrisa.

En tus llagas encontramos refugio y en ellas recobra sentido el padecer humano. Sólo mirándote hallamos fuerza para abandonarnos confiadamente en las manos paternas de Dios. Purifica los ojos de nuestro corazón hasta que, no como en un espejo ni de modo confuso, sino en un amoroso cara a cara te veamos como eres. Amén.

CONTEMPLATIO

La muerte y la pasión de nuestro Señor es el motivo más dulce y más violento que puede animar nuestros corazones en esta vida mortal. Mira a Jesús, nuestro sumo sacerdote; míralo desde el instante mismo de su concepción. Considera que nos llevaba sobre sus espaldas, aceptando la carga de rescatarnos por su muerte, y muerte de cruz. ¡Ah, Teótimo, Teótimo! El alma del Salvador nos conocía a todos por nuestros nombres, pero sobre todo en el día de su Pasión, cuando ofreció sus lágrimas, sus oraciones, su sangre y su vida por nosotros, tenía para ti en particular estos pensamientos de amor: “Padre Eterno, tomo sobre mí y cargo con todos los pecados del pobre Teótimo, para sufrir tormentos y muerte, a fin de que él se vea libre de ellos y no perezca, sino que viva. Muera yo con tal de que él viva; sea yo crucificado con tal de que él sea glorificado”.

El Calvario es, Teótimo, el monte de los amantes. El amor que no se origina en la pasión de Jesús es frívolo y peligroso. Desgraciada es la muerte sin el amor de Jesús.

Amor y muerte se hallan de tal modo unidos en la pasión de Jesús que no pueden estar en el corazón el uno sin el otro. En el Calvario no se alcanza la vida sin el amor, ni el amor sin la muerte de Jesús; fuera de allí todo es muerte eterna o amor eterno. Ven, Espíritu Santo, e inflama nuestros corazones con tu amor. Morir a cualquier amor para vivir en el amor a Jesús y para no morir eternamente (Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios, XII, 13).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Mirarán al que traspasaron” (cf. Jn 19,37b).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Hablar del anonadamiento de Jesús es ciertamente una tarea imposible. El hombre Jesús vence perdiendo. Vence negándose a sí mismo como hombre el poder de dominar, de afirmarse frente a los otros y sobre los otros. De esta realidad tenía una conciencia muy lúcida que transparentaba en toda su enseñanza y en toda su vida.

Investigadores curiosos o gente ansiosa de conocimientos o experiencias excepcionales, algunos griegos querían verle en sus últimos días en Jerusalén. Jesús utiliza esa bellísima imagen que tanto recuerda la parábola del Reino de los Cielos: “Os aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto” (Jn 1 2,24). El grano de trigo no es otro que él mismo: Jesús. La kénosis de la encarnación llegará a sus últimas consecuencias en la pasión y muerte de cruz. Pero la imagen del grano de trigo que muere y produce la espiga y luego el pan, tiene también una relación evidente con el misterio de la Eucaristía.

La vitalidad de esa semilla sepultada es prodigiosa. La ley de la semilla es morir para multiplicarse: no tiene otro sentido ni otra función que la de ser un servicio a la vida. Lo mismo el anonadamiento de Jesucristo: germen de vida sepultado en la tierra. Para Jesús, amar es servir y servir es desaparecer en la vida de los otros, morir para hacer vivir.

Todo don de sí mismo es una semilla de amor que hace que nazca amor. Allí donde es más difícil aceptar el anonadamiento de ser esclavos unos de otros y de ser comidos por los otros, es donde se cosecha más abundantemente el fruto de la caridad.

Que el Señor nos conceda llegar a esta entrega total de nuestro ser cada vez que deseemos demostrar lo que valemos con discursos de niñatos petulantes y desconsiderados. Que nos conceda sumergirnos en su misterio de humildad y de gloria a pesar de nuestra incapacidad de comprenderlo (A. M. Cánopi, L’annientamento di Cristo, perpetuato nel mistero eucaristico…, en “Deus absconditus”, Ghiffa 1980, 60-69, passim)

¡Un fuerte abrazo para todos!

Custodia Cordis❤️