Comentario evangelio 20.05.2021

Comentario evangelio 20.05.2021

Evangelio San Juan 17, 11b-19

¡Queridos Amigos!

Hoy leemos la segunda parte de la oración sacerdotal de Jesús. ¡Es tan hermosa, que la voy a transcribir! Está llena de ternura y de una Palabra que nos invade el corazón.

La Custodia. Él nos ha custodiado. Nos ha custodiado y guardado en esta tierra, cómo su Padre le había encomendado. Ahora regresa al Padre y en una relación preciosa de confianza absoluta e intimidad, le cuenta a su Papá que ha hecho todo lo que le había pedido. Y que no ha perdido a ninguna de sus ovejitas salvo al que estaba escrito le iba a traicionar.

Pero se preocupa por los suyos y los suyos somos también nosotros. Se preocupa de que no nos pase nada porque no somos del mundo. Conoce muy bien, la dureza del mundo, los odios, las manipulaciones, las envidias, la ira, la maldad. Conoce esa maldad que está a punto de actuar en Él.

Sin embargo, no le pide a su Padre que nos saque del mundo, sino que nos proteja y custodie en un mundo muy enfermo. Me genera un sentimiento de mucha dulzura, esta relación con su Padre. Hace pocos días, les decía a los apóstoles, que se iba a quedar solo. Pero que no estaría solo, sino que su Padre estaría con Él.

Y esta certeza es la que nos quiere transmitir en estos últimos momentos de la conversación más preciosa jamás contada en la historia entre unos Amigos. Les ha abierto de par en par su corazón. No le queda nada. Lo ha entregado todo. Incluso delante de Judas que le va a traicionar. También era su Amigo y no le niega la esencia de la vida.

Me genera mucha esperanza el término que utiliza hoy el Evangelio: Guardar, Custodiar. Lo que nosotros sentimos es exactamente lo que sintió Jesús porque se lo encomendó su Padre.

Nos pide también la unidad que Ellos tienen. Custodiar al otro implica entrar en esa dimensión Trinitaria. Custodiar en la comunión de unos con otros, es a lo que estamos llamados, cómo lo estuvo Jesús.

Y saber transitar por este mundo con toda la seguridad que procede de la oración continúa y de su Palabra. Ésta es la que alimenta nuestro motor. Su Palabra es la que da Luz a toda nuestra existencia. Es el cable que se conecta a nuestro corazón para darnos energía.

Su Palabra nos da discernimiento. Nos enseña y prepara para saber descubrir las verdaderas intenciones de los demás. Jesús hablaba continuamente de esos pensamientos que se generan realmente en el corazón y era duro cuando las intenciones de los que se manifestaban con él, no eran sanas o más bien eran insidiosas.

Jesús nos enseña a protegernos de los que quieren hacer daño y abrirnos paso ante las injurias y las intenciones torticeras. A no dejarnos embaucar por las palabras bonitas si no van unidas de intenciones leales y nobles.

Nos enseña a no dejarnos amedrentar cuando los demás no piensan como nosotros y no por ello, cambiar nuestro discurso para no perder la aceptación. No tuvo jamás miedo al rechazo ni a quedarse solo. No lo estaba. Su Padre le custodiaba continuamente.

No somos del mundo, pero no nos saca del mundo. Al contrario, nos envía al mundo a predicar el Evangelio y el Reino de Dios. Y nos está llevando al Espíritu Santo. Será Él el que constantemente nos ilumine. La intuición que el Espíritu nos regala, no debemos desdeñar la. Muchas veces, esa intuición nos está hablando muy claro.

¡Es tan cierto, que El Espíritu Santo nos llena siempre de un conocimiento interno al que debemos hacer caso! También nos dijo Jesús que aprendiéramos a ser astutos cómo lo son los que están en el mundo. Y esa astucia es inteligencia espiritual.

El cristiano no es un tonto al que se le puede tomar el pelo. El cristiano es un hombre, una mujer que se trabaja continuamente, y, en ese apasionante trabajo interior, adquiere una enseñanza milenaria que va formando una personalidad sólida. Ser bueno, no es ser tonto. Ser bueno cuesta muchísimo.

La bondad, cualidad intrínseca de Dios, requiere fortaleza, voluntad, perseverancia, mucha oración constante y una vida unitiva y coherente. Nada oculto quedará escondido. Nos lo dice también Jesús. Por ello, nos invita a trabajar las emociones, sentimientos, pensamientos, acciones y omisiones en lo más profundo de nuestro corazón.

Ordenarlos, estructurarlos en la Fe y en una personalidad armónica y equilibrada. También nos lo dijo: No contamina al hombre lo que viene de fuera, sino lo que nace y anida en el corazón.

Nos sigue enseñando constantemente a caminar por un mundo al que no pertenecemos, pero al que hemos sido enviados por ser llamados cómo Apóstoles del Siglo XXI, para ser Luz y Sal del Reino de Dios.

Este Reino es el que hemos de Custodiar día y noche con nuestra vida entera.

Os dejo el Evangelio de hoy, para que lo grabemos en el corazón:

«En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️