Comentario evangelio 19.10.2021

Comentario evangelio 19.10.2021

Evangelio San Lucas 12, 35-38

¡Queridos Amigos!

El Evangelio de hoy es un anticipo de lo que vamos a vivir en el próximo mes de noviembre. La Vigilancia, la expectación, la preparación para su venida. Así nos acercaremos al Adviento. Aún falta, si bien poco a poco todo va adquiriendo un sentido escatológico.

Hoy Jesús nos pide que tengamos ceñida la cintura y las lámparas encendidas. Lo hemos leído más veces en la Biblia. Ceñirse la cintura, significa estar preparados para la acción inmediata. Las lámparas encendidas, día y noche, acompañan esa espera activa de Jesús.

Y hoy nos lo explica con una pequeña parábola. Los criados, están vigilando constantemente el regreso de su amo de la boda. Puede llegar en cualquier momento de la noche. No saben a qué hora regresarán, pero su misión es estar preparados para recibirle en cualquier momento.

Es bellísimo porque al final del texto, se nos muestra la absoluta Misericordia de nuestro Dios ya que cuando regrese, si nos encuentra en esta actitud, será Él el que nos sentará en la Mesa y nos servirá.

Dios desea que nos sintamos amados constantemente. Día tras día. Hoy, porque cada día volverá a ser hoy para nosotros hasta nuestro Hoy definitivo en la vida eterna que será siempre presente. Nuestra misión en esta tierra no es una tontería. El estar convencidos de que servimos a Dios en toda la dimensión de la Palabra, nos cambia mucho la perspectiva de las cosas, personas y acontecimientos.

Somos siervos, criados de un gran Señor. Puede venir en cualquier momento. No conocemos ni el día ni la hora. Y es muy cierto. No podemos vivir de forma inconsciente porque nuestra vida tiene un sentido de absoluto peregrinar hacia el cielo. Somos realmente peregrinos. No nos paramos en este mundo. Seguimos y seguimos hasta la vida verdadera, que es la del cielo.

Y ese peregrinar, implica una preparación constante. Estar vigilantes, es una opción de vida. Ceñidos para salir a servir al otro en cualquier momento. Si vivimos desde el aburrimiento, sin estar en esa tensión sana que nos ayuda a seguir luchando, nuestro campo de mira es sumamente aburrido y nos lleva a una vida monótona y carente de sentido donde acabamos siendo presas de cualquiera que note nuestra debilidad y acabe esclavizándonos en relaciones muy destructivas y vacías donde las dependencias toman un papel protagonista y nos convertimos en marionetas de los demás.

Pero, cuando Jesús nos educa hoy en una actitud vigilante, nos está llevando hacia esa personalidad interior que todos tenemos y nos impulsa a vivir hacia dentro para poder salir al exterior donde tanto necesita de nuestra presencia y nuestra luz.

Ya estamos viendo constantemente, cómo la vida nos trae acontecimientos personales y sociales inesperados que requieren de nosotros actitudes inmediatas y que, si no han estado trabajadas en una verdad educación en el conocimiento de la verdad, que solo nos puede dar el Espíritu Santo, nos llevarán a reaccionar de forma insana. Y….todo lo que hacemos cada uno de nosotros, influye automáticamente en los demás. Los cercanos y los lejanos. Los que conocemos y no conocemos.

Podemos ser personas que llenen esta vida de paz, alegría, caridad y entrega o personas que solo transmitan una energía muy negativa que genera malestar y desesperanza. No importa si llueve o hace sol, si acontece una situación u otra…

Lo que importa es que estemos preparados para responder desde la Luz de Cristo y para ello hemos de estar vigilantes constantemente. Es decir, tener un verdadero plan de vida donde la oración sea fuerte y firme y el trabajo hacía el otro, esté constantemente consagrado.

«Ora et labora» decía San Benito. Y nuestra vigilancia implica esa educación que solo Dios nos puede dar.

Os transcribo unas palabras sobre este punto relacionado con el Evangelio de hoy de un sacerdote:

«El apóstol, que tiene la experiencia de esta obra divina de educación, escribe a Timoteo: «Desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, que te guiarán a la salvación por medio de la fe en Jesucristo» (2 Tim 3,15). Y son verdaderamente sagrados estos textos que santifican y divinizan. Sus letras y sus sílabas sagradas forman las obras que el mismo apóstol, en el mismo pasaje, llama «inspiradas por Dios, y es útil para enseñar, para persuadir, para reprender, para educar en la rectitud, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer el bien» (2 Tim 3,16ss). Las exhortaciones de los otros santos no podrían tener en absoluto la misma eficacia que las del Señor: él es verdaderamente quien ama al hombre, y su única obra es la salvación del mismo (Clemente de Alejandría, Protréptico, 9, París 1949, pp. 151-156 [edición española: Protréptico, Gredos, Madrid 1994])».

¡Qué suerte tenemos de tener fe!

Sort que tinc fe decía mi abuela materna que sentía y rezaba en catalán. Porque siempre habló desde pequeña con sus padres en catalán, y por ello antes de morir, sabiendo que estaba muy enferma, pidió que le pusieran su collar de perlas y dijo: Sort que tinc fe. Miró con dulzura a todos y se la llevaron al hospital donde murió. Esa fe, que fue fruto de su vigilancia constante durante su vida en las verdades del Evangelio, le llevó a entregar toda su feminidad ya que quiso ir guapa a ese encuentro definitivo con su Señor. Y estoy convencida que vivió este Evangelio de hoy, y que Jesús, la sentó un su Gran Mesa Pascual y le sirvió con un amor inmenso como ella nos sirvió a todos durante su vida.

Estar preparados hasta el último momento es una gran esperanza porque con ello, dejamos mucha Luz a los que nos rodean y no hay mejor regalo, que pasar por esta vida haciendo el bien.

¡¡Un fuerte a todos!!

Custodia Cordis❤️