Comentario evangelio 19.08.2021

Comentario evangelio 19.08.2021

Evangelio San Mateo 22, 1-14

¡Queridos Amigos!

El Evangelio de hoy vuelve a ser una parábola que Jesús comenta. Los estudiosos piensan por diferentes escritos que estaba destinada a los fariseos y a los escribas. Por eso, en alguna de sus partes, es difícil de entender. Solo hablan de este ejemplo dos Evangelistas, Mateo (es el que seguimos está temporada) y Lucas. De entrada, podemos comprender que los primeros invitados al banquete del Reino de Dios, eran los judíos y los llamados con posterioridad, somos todos nosotros, la Iglesia de Jesucristo.

Pero el texto se convierte en muy interesante cuando lo estudiamos un poquito más allá de una primera lectura. Hay que distinguir dos partes: La primera se refiere al Rey, el banquete y los invitados; La segunda al traje de bodas.

Empezando por el banquete, obviamente, el Rey es Dios y lo más importante a resaltar es el respeto a nuestra libertad. Nos invita a todos y, sin embargo, podemos decirle que no. Tenemos la posibilidad de elegir seguirle o no hacerlo. En este segundo caso, deberíamos pensar en las autoexcusas que tantas veces nos ponemos a la hora de ser fieles a nuestra fe. Las justificaciones y las huidas de nuestra responsabilidad, forman parte de nuestra personalidad aún no formada en la madurez de la Palabra.

En el Evangelio de Lucas, los primeros invitados exponen razonamientos incluso lícitos en aquel momento para no ir: trabajar el campo, estar casados y atender a las obligaciones del matrimonio, ocuparse de los negocios, etc. En la época de Jesús, eran motivos para excusar acudir a un banquete de bodas.

Así nos pasa a nosotros. Muchas veces tendremos base para no querer afrontar nuestra mayor implicación en la misión que Dios nos ha entregado desde siempre. Sin embargo, el Rey de la historia del Evangelio, se enfada con el rechazo a la invitación de estos primeros invitados y su reacción es muy fuerte. Destruye sus ciudades y haciendas. Aquí es donde hemos de entender la parte histórica que ocurrió realmente. Cuarenta años después de la muerte de Jesús fue destruida la ciudad de Jerusalén por los romanos. Jesús avisaba a los dirigentes del Pueblo de Israel que centrarse en su orgullo y soberbia y él no reconocimiento del Hijo de Dios, les causaría graves perjuicios. No porque Dios sea malo, sino por el propio equilibrio de la justicia de Dios.

Cuando decidimos apartarnos del verdadero camino que implica una vida coherente, nos adentramos en otros mundos que desconocemos y al final, nos pueden llevar a una destrucción de nuestro Templo interior, de nuestra estructura fuerte cimentada en La Palabra de Dios.

De ahí, la importancia de la iluminación en el discernimiento a la Luz de la sabiduría de Dios. Y esto nos sirve para introducir el segundo elemento de este Evangelio y es la necesidad del traje de bodas. ¿Qué significa cuando el Rey expulsa al invitado que dentro de todos los que entraron al final en el banquete, no lleva traje de bodas?

Es el símbolo de la responsabilidad que tenemos de no sólo estar en la Iglesia, sino de revestirnos de las cualidades de Jesús, de sus pensamientos y sentimientos. No sirve estar de forma estática en el banquete y de juzgar lo que está bien o mal, sin asumir la alegría de ser dignos del lugar al que se nos ha invitado.

Ese traje es nuestro trabajo interior diario por embellecer nuestra alma y nuestro corazón y así, vestirnos cada día con la fuerza del vigor de la vida y el equilibrio de la armonía de nuestra personalidad que viene de ese contacto directo con la Palabra viva de cada día y esa interiorización de la misma. No sirve solo leerla y pasar el rato. El Rey de Reyes, quiere que estemos aseados y preparados con lo mejor de nuestro corazón.

Mañana celebraremos la fiesta de San Bernardo. Es un Santo muy entrañable y se supo trabajar muchísimo. Hablaba de la humildad, no solo como el reconocimiento de la necesidad de Dios que todos tenemos, sino también de poder reconocer la capacidad del poder de Dios en cada uno de nosotros.

Tener puesto es traje de bodas, implica pues, un gran conocimiento de uno mismo. Con ello, aprendemos a liberarnos del “ego” que nos encarcela. Al fin y al cabo, las personas soberbias y orgullosas, acaban demostrando un bajo nivel de humanidad. Las personas revestidas de humildad, son personas que realmente enaltecen al ser humano y son Luz que brilla, allá donde estén.

Acabo con una anécdota. Recuerdo en una de esas entrañables excursiones que se hacen en verano, transitar por un paisaje muy hermoso donde nos encontramos con árboles centenarios. Con troncos muy grandes que eran imposible abrazar. No obstante, el árbol te invitaba a tocarle. Y el asombro fue cuando descubrimos que su corteza era muy suave. Parecía terciopelo. Una sobrina nuestra de catorce años, dijo algo que se me quedó grabado: este árbol nos enseña a ser humildes: Es muy fuerte por dentro y suave por fuera.

¡Cómo podemos bendecir a Dios que tanto nos habla por todos lados cuando abrimos nuestros oídos a su Voz!

¡Un abrazo muy fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️