Comentario evangelio 20.09.2021

Comentario evangelio 20.09.2021

Evangelio San Lucas 8, 16-18

¡¡Queridos Amigos!!

Hoy es lunes, y empieza una nueva semana llena de retos y oportunidades. Y Jesús esta mañana nos regala tres ideas:

1- Somos lámparas llenas de Luz para darla a los demás. No para quedarnos encerrados en nosotros mismos y escondernos debajo de la cama, debajo de nuestros miedos, rencores, venganzas…

2- Todo lo que está oculto, en lo secreto, escondido, antes o después saldrá a la luz. Eso escondido es nuestro interior, nuestros pensamientos y nuestro corazón. Todo lo que llevamos en lo más profundo de nuestro ser, se revelará por nuestra conducta, palabras, actitudes. LUEGO, SI ESTAMOS MAL, ES AMARGURA LO QUE TRANSMITIREMOS AL MUNDO.

3- Estad atentos a como escucháis. Esta es la idea clave del Evangelio de hoy. Escrutar y trabajar nuestra capacidad de escucha.

4- «Al que tiene se le dará. Al que no tiene se le quitará incluso lo poco que tenga». Frase difícil de entender, pero que lleva consigo una grandísima filosofía de la vida, y sobre la que se han escrito incluso libros de autoayuda.

La esencia de lo que somos, la elegimos nosotros en cada momento. Llegar a ser personas íntegras, equilibradas, llenas de esperanza, fuerza, ilusión por la vida, es una opción que elegimos desde nuestro libre albedrío. Cada uno puede buscar la fuente o raíz de esta elección.

Nosotros la estamos poniendo en la Palabra del Señor. Día tras día, compartimos esta Palabra, y toda la sabiduría que nos regala su lectura y contemplación. Si bien, podemos leerla de manera rápida y como un mero trámite o podemos poner un poco más de atención, aunque de forma superficial, o podemos elegir vivir este Rinconcito de oración cómo algo esencial en nuestro día y consagrar este tiempo realmente al Señor. Es cierto, que en un Monasterio se tiene espacio real para rezar, leer y cantar Salmos, vivir la Santa Misa, leer el Evangelio y lecturas espirituales y entrar en el Silencio de la oración interior ante el Santísimo. Parece más fácil para ellos. Sin embargo, los laicos, en medio del mundo y de nuestras realidades, también estamos llamados a recibir la belleza de esta Liturgia de las Horas, de la Palabra, El Rosario, la oración silenciosa.

Hemos de saber organizarnos. Hemos de aprender a compatibilizar nuestro ajetreo diario con la vida contemplativa. Cada uno a su manera, en la medida de sus fuerzas, y también de su disponibilidad y voluntad. Hoy Jesús nos invita a escrutar nuestra capacidad de escucha. Nos lo dice claramente: «Mirad cómo escucháis»

Mirad…Nos regala el verbo. Mirar hacia nuestro interior.

Y ser conscientes de cómo escuchamos, no solo la Palabra de vida que cada día tenemos en el Evangelio, sino a los demás y a nosotros mismos.

Es muy difícil escuchar porque estamos llenos de ruido. Llenos de pensamientos obsesivos que de forma rumiante nos mantienen encerrados muchas veces, en un abismo que nos atormenta, y así es imposible poner atención y corazón en la escucha.

Por eso, es tan importante imitar esa vida contemplativa y de silencio. Si estamos aturdidos, en lugar de dar vueltas y vueltas, y buscar compensaciones complementarias a nuestro vacío en la comida, bebida, pornografía, conversaciones llenas de crítica y rencor, actitudes despóticas ante los demás que solo llevan como causa el grito desesperado de: Hazme caso porque no puedo con mi vida. Y otras acciones, donde cada uno podemos buscar llenar ese vacío. Pues, si estamos así, busquemos un Sagrario, o el silencio y soledad de nuestra habitación, o ese rinconcito de oración que estamos creando en nuestros hogares y…entreguemos a Jesús la memoria de nuestras heridas, fracasos, desilusiones, frustraciones, rechazos, miedos, celos, comparaciones, envidias, inseguridades.

Entreguemos de verdad lo que tenemos en lo más oculto de nuestro ser y nos hace tanto daño. Pongamos ante su luz esa relación o recuerdos del pasado que vienen reiteradamente a nuestra mente y no podemos controlar y nos devuelven las mismas sensaciones de angustia y ansiedad que vivimos, quizás ya hace años, pero de forma subconsciente revivimos como si fuera ahora.

Es un acto de voluntad hacerlo y es posible que duela mucho parar y entregar. Dolerá más que sustituir esas sensaciones por la comida compulsiva u otras actitudes que nos acaban dejando más frustrados y a las que hoy hago referencia.

Sin embargo, esa voluntad de cambiar nuestro proceso interior es muy liberadora. Sabemos que estamos en un camino de continuo aprendizaje y trabajo interior, pero si lo elegimos cómo opción de vida, y a los ojos de la Fe, seremos luz para muchos.

Dios nos necesita en el candelero para que iluminemos una sociedad donde la obscuridad está muy extendida. No nos quiere debajo de la cama. Y si nos trabajamos bajo su doctrina, y escuchamos cada día la Palabra con plena atención, lentamente, concentrados en lo que leemos, aunque lo hayamos de releer varias veces, iremos curando esos pensamientos destructivos que nos matan el alma y por ello nuestro rostro no muestra la Salud que los Salmos otorgan a Dios.

Hay un Salmo que hemos de repetir muchas veces: «Salud de mi rostro Dios mío»

Fijaos que una personalidad forjada en una estructura de la Fe, es sana. Las Palabras del Evangelio, el Rezo de los Salmos, las Lecturas espirituales, el repetir con atención las Ave Marías del Rosario e imaginar las escenas de los misterios…Educa a la mente.

Muchos médicos empiezan a recomendar el Rosario contra las obsesiones, o el Silencio para curar verdaderas patologías cómo leía en un artículo. Es lógico que, si nuestra esencia es espiritual, la unión del cuerpo y el alma en Dios, es un regalazo para nosotros y los que nos rodean, porque de ahí brotará mucha Luz.

Por último, a quién tiene se le dará, es exactamente lo que acabo de explicar.

Quién se llena de la Palabra, y de este trabajo personal diario constante, con ilusión, dejando atrás el pasado, bendiciendo lo vivido (incluso en los malos momentos). Y teniendo cómo dirección nuestra meta que es llegar todos juntos al cielo, ayudarnos a crear nuevos recuerdos hermosos, y un futuro sin adelantar la ansiedad anticipativa de que en el futuro todo será horrible, sino más bien, repetirnos constantemente: ¡Lo mejor está por llegar!

Si vivimos así, podemos encender muchas lámparas que guiarán a tantas personas rotas y las llenarán de esperanza y sentido. Depende de nuestra elección.

¡Un abrazo fuerte a todos!

Custodia Cordis❤️