Comentario evangelio 16.09.2021

Comentario evangelio 16.09.2021

Evangelio San Lucas 7, 36-50

¡Queridos Amigos!

El Evangelio nos lleva a una escena muy conocida por todos. Cuando una mujer pública, entra en casa de un fariseo que había invitado a Jesús a comer, y le empieza a besar los pies, a bañarlos con sus lágrimas y a secarlos con su cabello…y ¡¡¡llenarlos de perfume!!!

El fariseo, se queja en su interior, y entra en juicio contra la mujer y contra Jesús. Piensa que, si fuera realmente profeta, sabría quién era esa mujer.

Pero Jesús, lee también su pensamiento y de nuevo responde a ese pensamiento ya que no le da al fariseo tiempo para expresar lo que piensa.

¡¡¡Jesús lee nuestros pensamientos!!! En ellos nos debatimos entre el bien y el mal.

Existe incluso en la mente, una zona para los pensamientos negativos y otra para los positivos. Sin embargo, leía el otro día, de científicos, que el sentimiento de Confianza, se genera en el mismo espacio cerebral, que el del miedo, angustia, etc. Por ello, son incompatibles. O se elige la Confianza, y el mundo se ve con ojos de eternidad. O se elige el miedo, la angustia o la desesperación, y entonces, nuestro pobre corazón, anda arrastrándose y muy herido.

Ni siquiera se generan en el mismo lóbulo cerebral. Y Jesús los lee todos. Él sabe de nuestras cuitas, de nuestros juicios, de nuestras dudas…Dios, lo sabe todo, lo pasado, lo presente y lo futuro.

Por eso, cuando nos corrige por muchas circunstancias diferentes que nos acontecen, lo hace con un amor increíble y lleno de sabiduría. Quiere que le imitemos y seamos nosotros también, hijos de la sabiduría.

Y de nuevo interpela al fariseo que juzga y se considera superior a todos porque cumple estrictamente las normas. Y, sin embargo, se había olvidado de unas muy pequeñitas: lavar las manos de Jesús, ungir su cabeza y besarle. La mujer pecadora, hace todo lo contrario. No para de besarle, le llenarle de lágrimas y de ungirle de perfume.

Esta mujer, parece ser que ya debería de conocer a Jesús, como dicen los estudiosos, y que ya le había perdonado sus pecados. Hoy necesita llorar de gratitud y de amor ante Él.

De ahí que Jesús le diga al fariseo, después de exponerle una parábola que expresa claramente la misericordia de Dios: quien más ama, más se le perdona, y quién menos ama, menos se le ha perdonado. Es decir, el sentir dolor por nuestros pecados, por nuestra fragmentación interior, por la falta de coherencia y orden en nuestro ser, es igual a amar muchísimo a Dios.

Cuánto más sentimos esa purificación interior, que no mira a los otros con los ojos de las normas morales o sociales sino con los ojos del amor de Dios, más nos sentiremos amados y perdonados realmente y más nos sentiremos libres interiormente y andaremos con una soltura increíble.

Por otro lado, este Evangelio exalta la gran labor de liberación de Jesús con las mujeres. Estaban excluidas, y Él las considera y ensalza, y no le importa que al tocarlas o dejarse tocar por ellas, pueda quedar contaminado por la Ley de la impureza.

Jesús les ayuda a salir de su exclusión social y ellas se dejan ayudar. Tener el pelo suelto, como hoy nuestra querida mujer pública, era signo de independencia. Es impresionante cómo el precursor de la liberación de la mujer fue Jesús.

Sin embargo, era una libertad de integración y valoración absoluta de nuestra dignidad. Dios nos hizo iguales ante sus ojos y ante su Ley. Las diferencias antropológicas que tenemos, lo son para una complementariedad preciosa, que es creadora, y ayuda a Jesús en la Evangelización de un mundo muy dolido en la afectividad.

¡Un abrazo fuerte a todos!

Custodia Cordis❤️