Comentario evangelio 15.04.2021

Comentario evangelio 15.04.2021

Evangelio San Juan 3, 31-36

¡Queridos Amigos peregrinos!

Seguimos en el contexto de las conversaciones entre Jesús y Nicodemo. Un fariseo que se acerca a la verdad. Conoce esa verdad por la ley que ha estudiado y contemplado durante muchísimos años y, sin embargo, no conoce realmente a Dios. Por ello, al escuchar a Jesús, se queda completamente atraído por su Palabra.

Hoy le dice abiertamente que Él viene de arriba y conoce perfectamente todo lo que es de arriba y los que son de la tierra, solo pueden hablar cosas de la tierra. Se identifica absolutamente con su Padre porque todo lo que Jesús cuenta, es lo que le dice el Padre. En este sentido, Jesús es la Palabra del Padre.

Para acercarse a sus hijos, se hace Hijo. Para ejercitar su paternidad, se hace Padre, no solo Creador y esta paternidad no hubiera sido posible sin la Virgen. Necesitó la libertad de una Mujer para hacerse uno entre los que había creado. Por ello, yo siempre veo a María unida a la Santísima Trinidad.

Es un Evangelio de alto nivel teológico, pero bajándolo a nuestra pobre comprensión, es muy fácil de entender. Si todos los acontecimientos de nuestra vida, aquello que nos inquietan y provocan que nos despertemos por las noches, los observamos con nuestros limitados ojos humanos y elegimos nuestra fuerza y control terrenal para salir adelante, las posibilidades de ir adquiriendo un cansancio grave en nuestra psique, son muy altas.

Pero si recordamos que Jesús está por encima de todo lo terreno y Él es la Palabra que nos insufla dosis y más dosis de Espíritu Santo, sin medida, podremos descubrir esa mirada y comprensión muy superior a la nuestra y que efectivamente, viene de lo alto.

Solo cuando nuestra vida se dimensiona hacia un horizonte espiritual, todo lo terreno adquiere luz y se va resolviendo poco a poco. Lo más difícil es abandonar nuestros pensamientos limitativos. El daño nos lo hacemos nosotros cuando constantemente pensamos en negativo.

Hoy Jesús, nos invita a creer al Padre. ¡Si realmente sabemos que Él ha visto lo que hay en el Cielo y todo lo que hace, se lo ha pedido el Padre y se lo ha dado el Padre y así damos testimonio de que reconocemos esta Paternidad!, el Padre, nos proveerá aquí en la Tierra lo que ni nos imaginamos.

Pasar por la prueba nos lleva hacia dos puertas. Una de ellas, abre un abismo. Encontramos desestructuración, miedo en cantidades muy angustiosas, frustración, incapacidad de saber por dónde hemos de ir, adopción de decisiones impulsivas precedidas de nuevo por el miedo que provoca mucha inquietud y necesidad impulsiva de hacer y hacer porque en el movimiento o activismo, pensamos que estamos salvados. Todo ello nos lleva a la paralización y bloqueo interior. Son las consecuencias de esta Puerta que es la visión terrena de nuestro ser terreno.

Sin embargo, hoy Jesús nos abre otra Puerta: Es la Celeste. La que nos invita a todo lo contrario. Saber Parar, no precipitar acontecimientos. Si vemos que todo va lento o no sabemos qué hacer, pensemos en El Padre y en el Corazón Misericordioso de su Hijo que nos dice:

«¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor.

Cuando te abandones en Mí, todo se resolverá con tranquilidad, según mis designios.»

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisiera exigirme el cumplimiento de tus deseos.

En lugar de eso, cierra los ojos del alma y dime con calma:

JESÚS, EN TI CONFÍO

Trata de evitar esos pensamientos que te angustian al querer comprender las cosas que te pasan. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser DIOS y actuar con libertad. Entrégate confiadamente en Mi. Reposa en mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente:

JESÚS, EN TI CONFÍO

 Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices:

JESÚS, EN TI CONFÍO

No seas como el paciente que le pide al médico que le cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. YO TE AMO.

Si crees que las cosas empeoran, o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora:

JESÚS, EN TI CONFÍO

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso: Agitarte, Angustiarte y Quitarte La Paz. Confía solo en Mi. Reposa en Mí, Entrégate a Mi. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en mi así que no te preocupes, echa en mi todas tu angustias, y duerme tranquilo. Dime siempre:

JESÚS, EN TI CONFÍO

Esto es precisamente lo que hoy me ha pasado a mí. Me desperté con angustia por diferentes situaciones que he de resolver y preparando el Evangelio, al abrir el móvil, me ha salido está oración que os envié este domingo de la Divina Misericordia. No es una casualidad. Quizás el Espíritu Santo nos ha susurrado al corazón de nuevo esta oración para completar la conversación entre Jesús y Nicodemo y hacerla muy cercana y comprensible para cada uno de nosotros.

Es lo primero que hoy me he encontrado en el móvil. Y he visto claramente que si somos capaces de vivir realmente está oración y pasar de lo Solo terrenal a lo Celestial, veremos realmente milagros en plena crisis jamás vista por esta generación.

El Espíritu nos es dado para que podamos recordar y entender el significado de las palabras de Jesús (Jn 14,26; 16,12-13). Animados por el Espíritu de Jesús podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4,23-24). Aquí se realiza la libertad del Espíritu de la que habla San Pablo: “Donde está el Espíritu allí hay libertad” (2Cor 3,17).

¡¡¡Un abrazo fuerte a todos!!!

Custodia Cordis ❤️