Comentario evangelio 14.08.2021

Comentario evangelio 14.08.2021

Evangelio San Mateo 19, 13-15

¡¡¡Queridos Amigos!!!

Mañana celebramos una Fiesta bellísima de la Virgen María: La Asunción al Cielo.

Es una fecha que agosto nos regala para tenerla muy presente. Para hacer un parón en medio del verano, y ver cómo el Cielo entero estaría lleno de plenitud por recibir en cuerpo y Alma a esta hermosísima Mujer y Madre de la humanidad.

Hoy podemos tenerla ya muy en cuenta.

En relación al Evangelio de hoy, solo os voy a contar una anécdota que ayer viví y que justo comenté en mi familia que gracias a lo que nos pasó, entendí la Confianza que Dios nos pide.

Así las cosas, estoy pasando cómo cada año unos días exclusivos dedicados a mis hermanas, sobrinos, primos, dónde soy muy feliz por poder compartir con ellos mucho tiempo que no disfrutamos durante el curso.

Este año decidí estar a todo lo que la familia necesitase. Y así está siendo. Y entre esas necesidades, los niños necesitan mucho movimiento, excursiones, piscina, y en el fondo, mucha atención y cariño real.

Y ayer después de un día llenísimo de cosas, por la tarde, Cristina y Marta, dos de mis sobrinas, querían ir a Montgarri, que es un Santuario muy bonito en medio de una montaña pérdida a muchos metros de altura. Y la tarde iba avanzando y nos dieron, las seis, las siete…En fin, que salimos a las 19:30. Dos coches, el mío, donde íbamos siete personas, y entre ellos, muchos niños y otra de una de mis hermanas con su familia, donde había más niños.

Y empezamos a subir en coche la montaña. Parecía aparentemente fácil, si bien, no era nada buena. La parte no asfaltada, con precipicios de esos que mejor no mirar y solo cabía un coche. Así que, si venía otro de frente, pasa el milagro de que cabe lo que aparentemente no cabe.

Al final llegamos y los niños disfrutaron. Se metieron en el río. Eran felices. El paisaje, un dibujo precioso de Dios.

¡Cómo le puedes tocar en la montaña!

Y el sol se iba poniendo y, teníamos que regresar con la noche abriendo sus brazos.

Subimos del río andando hasta el coche, lo que ya representaba tiempo y por fin, todos sentados, cinturones puestos y cómo un avión, empezamos a despegar hacia nuestro regreso.

Y de nuevo la carretera. Ahora con menos sol se notaba más la dificultad y realmente era muy difícil. Yo al conducir, tenía que mantener mucha seguridad.

Pero…los niños iban felices…no eran conscientes del peligro del coche y la carretera de subidas y bajadas y camino muy estrecho.

Ellos, no tenían miedo. Confiaban perfectamente en los mayores. Se les veía muy felices porque habían conseguido el objetivo de llegar a esa montaña.

Y entendí…el Evangelio de hoy. Hay que ser cómo niños. Nuestro Padre nos conduce. Nos lleva por caminos pedregosos, pero nada nos va a pasar.

Ayer comprendí que Jesús nos educa hacia una libertad infinita. No tener miedo porque confiamos plenamente que Él está con nosotros en todo momento.

Poder desprendernos del control de todo y disfrutar de la belleza de la Creación que Él nos ha regalado.

Los niños tienen mucho que explicarnos sobre el Reino de Dios.

Seguro que vosotros tenéis un montón de experiencias cómo estas donde los niños nos hacen salir de nuestros límites para llegar a tocar la libertad de nuestro Creador.

¡Un fuerte abrazo para todos!

Custodia Cordis❤️