Comentario evangelio 13.09.2021

Comentario evangelio 13.09.2021

Evangelio San Lucas 7, 1-10

¡Querida Familia!

Este fin de semana he visto a varias personas que estáis en este grupo y ha sido un regalo compartir la ilusión de todas por seguir juntos este camino de fe.

El Evangelio de hoy es de una belleza inmensa. Cuantísima fe tenía el centurión. Tanta que todavía hoy se repiten sus palabras cada vez que vamos a recibir al Señor:

«No soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme».

Jesús lo dice al final del texto de hoy: «Os digo que en Israel he encontrado una fe tan grande».

¡¡¡Ojalá pudiera decir lo mismo de cada uno de nosotros!!!

Esta fe interior que no duda ni un instante y que cree sin límites en el Poder de Jesús, incluso en la distancia, sin que esté delante de la persona que ha de curar, es la que provoca el milagro.

He intentado pensar en el proceso que generó el corazón del centurión para provocar un milagro que recordamos en cada Misa.

Él era romano, gentil. Ni siquiera era judío. Pero tuvo un respeto inmenso ante la figura de Jesús. Primero busca una representación importante del mundo judío y por ello envía a unos ancianos de los judíos. Éstos suplican a Jesús e interceden por este hombre del que hablan muy bien. El centurión, ni siquiera pide para él, sino para un siervo suyo muy querido que se estaba muriendo.

Pide para otro, pero con un amor enorme. Esta intercesión es de suma importancia para Dios. De hecho, hoy hay varias intercesiones diferentes. La de los ancianos, la del centurión y cada una de ellas suplica el milagro para otro. ¡Qué significativo es encontrar el valor de la Custodia del corazón del otro en la oración!

Salir de nosotros mismos y pedir con una misericordia intensa y confiada, por la sanación y salvación de aquellos que tenemos encomendados, provoca el milagro.

Dios puede hacerlo todo, pero muchas veces, elige necesitar nuestro apoyo y entrega sincera, para intervenir en la vida de los demás con un verdadero milagro.

Luego, es también parte de Custodia Cordis, custodiar con una oración profunda, el alma y el corazón de los que sabemos, Dios nos encomienda. Muchas veces, solo nos queda la oración silenciosa y oculta por los que más nos hacen sufrir y más necesitan de nuestra entrega, aunque no sepan que rezamos por ellos.

La segunda actitud del centurión, es creer en la Palabra. Él sabía que solo la Palabra de Jesús, podría hacer el milagro. Luego, el reconocimiento que hace del poder de Jesús, no tiene un ápice de inseguridad. Hemos de rezar con muchísima seguridad. El centurión sabe por su profesión, que, si él da una orden, se hace o deshace lo que desea ordenar y por ello, lo que le está concediendo a Jesús es una autoridad absoluta.

Aquí hemos de pararnos un ratito y ser sinceros con nuestra oración de petición:

1- ¿Pedimos con autoridad?

2- ¿Pedimos con la seguridad de que Dios puede hacer lo imposible?

3- ¿Nos creemos merecedores de esa Gracia o milagro que suplicamos?

4- ¿Pedimos de forma insegura como si Dios no nos tuviera en consideración o pensando que lo que pedimos no podríamos nunca alcanzarlo por nuestra baja autoestima?

Ojo, porque muchas veces, nos encerramos en nosotros mismos incluso en la oración y entonces, el demonio se aprovecha y nos roba los frutos de nuestras buenas intenciones y nos acaba diciendo:

¡No pidas que, si Dios no te lo da, perderás la fe en Él!

Ésta es una frase peligrosísima porque lo que el mal pretende es quitarnos la fe y conoce de nuestra debilidad.

Por eso, pedir un milagro, implica una forma de saber vivir. Hemos de pedir con esa autoridad, amor, confianza, y seguridad, que el centurión tenía.

Y, en tercer lugar, Él sabía que no era digno de que Jesús entrara en su casa, pero como fruto de un alma muy delicada que se conoce impura ante Dios, sin embargo, a la vez, sabe sin duda alguna, que una sola Palabra suya, bastará para salvar a su criado.

Repitamos hoy muchas veces:

Una sola Palabra Tuya, bastará para sanar mi relación con esta persona, para sanar mis dudas, inseguridades, debilidades… (Nombrarlas por su nombre) …

Una sola Palabra Suya, puede sanar toda nuestra estructura y edificar esa personalidad madura que, a su vez, hará nueva todas nuestras relaciones y toda nuestra vida.

¡Un abrazo fuerte!

Custodia Cordis❤️