Comentario evangelio 12.08.2021

Comentario evangelio 12.08.2021

Evangelio San Mateo 18, 21-19,1

¡¡¡Queridos Amigos!!!

Qué maravillosamente contradictorio es el Evangelio de hoy. Una de las Palabras que más me está ayudando para entender a Jesús y todo lo que nos ha dejado escrito, es la palabra femenina “Contradicción

Jesús viene a romper los moldes y los criterios exclusivamente humanos sin fundamento en una verdadera antropología cristiana. Cualquier ley, si se cumple al margen del fundamento teleológico de la misma, pierde su verdad y su esencia. Dicho lo anterior, cuando Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces ha de perdonar y le expone el porcentaje de hasta siete veces, está utilizando una medida de la religión judía donde el perdón de las ofensas tenía sus propios límites. Y Jesús contesta desbordando esos límites. No siete veces, sino setenta veces siete.

Por otro lado, el número siete, tiene una simbología bíblica relacionada con la perfección. Cuando las religiones se fundamentalizan buscan los números, las veces que hacemos una cosa. Y poco a poco imponen un cumplimiento legalista que se aleja muchísimo de la Verdad y sus consecuencias se ven en la anulación del libre albedrío del ser humano y de la capacidad de elegir. Todo ello nos lleva a la culpabilidad y a la anulación de nuestra esencia.

Setenta veces siete, significa SIEMPRE. Hasta el infinito. Obviamente hemos de unir este Siempre a los propios límites que Jesús nos enseña y justo ayer nos decía que, si alguien está errando, primero se lo hemos de decir a solas, con claridad, concisión y mucho amor. Y si no hace caso, irán dos testigos de la comunidad junto al que manifiesta que se debe de cambiar de forma de actuar. Si tampoco hace caso, se le excluirá de la comunidad. Jesús no nos quiere sumisos y destrozados por el daño de otras personas y menos si esas agresiones son intencionadas y se recrean en sufrimientos que no vienen del sufrimiento redentor de Jesús. Aprender a decir NO a actitudes vejatorias y humillantes, es lícito y muy necesario también para bloquear el pecado del otro.

No podemos ser dependientes o esclavos de actitudes negligentes de otros. Hemos de distinguir cuando el otro se convierte en un ídolo para nosotros y con ello atentamos contra un mandamiento de la Ley de Dios que es: Amarás a Dios sobre todas las cosas.

Cuando permitimos que alguien nos maltrate, hemos de parar con urgencia y antes de juzgar la actitud del otro, descubrir cuáles son nuestros sentimientos y necesidades no cubiertas, que nos permiten no poner límites claros y sanos. Muchas veces es el miedo a la soledad y a encontrarnos con el gran vacío existencial que todos tenemos y que es precisamente donde nos encontramos con nuestro Creador.

Creo que vale la pena, entrar en un escrutinio profundo de esta Palabra que puede curar muchas heridas.

Os envío para cerrar este comentario, un fragmento de la Lectio Divina de hoy. Me parecen de una profundidad esclarecedora y vale la pena escrutarlas:

El presente texto evangélico nos transmite una enseñanza esencial. Toda la sustancia del discurso se encuentra precisamente en la pregunta que hace Pedro a Jesús a propósito de las veces que debemos perdonar al hermano que nos ofende. Se trata de un hermano, y por eso tiene que ser perdonado siempre, hasta la paradoja. No sólo «siete veces», un número que indica plenitud, sino incluso un número inverosímil de «setenta veces siete», que es como un número infinito, que significa «siempre», sin poner límites a la misericordia. Ahora bien, en realidad la clave de comprensión de la enseñanza de Jesús se encuentra no sólo en el número ilimitado de las veces que se debe conceder el perdón al hermano que nos ofende, sino en la calidad misma del perdón que hemos de conceder. Se trata de un perdón que no se reduce a una fórmula o a una mal disimulada obligación de perdonar porque no se puede hacer otra cosa. La calidad del perdón incide en su mismo sentido Debe tener la calidad del perdón de Dios, y debe llegar al corazón, lugar de la verdad, de los sentimientos y de las venganzas, del amor verdadero y del perdón sincero. Un corazón que perdona es un corazón misericordioso. Perdonar «de corazón» (v. 35) significa sellar con el amor verdadero el perdón que se concede. Dado que alguien nos ha perdonado así, sin límite en el número de veces, no podemos nosotros poner límites al amor misericordioso del perdón.

¡Un abrazo fuerte para todos!!

Custodia Cordis❤️