Comentario evangelio 11.09.2021

Comentario evangelio 11.09.2021

Evangelio San Lucas 6, 43-49

¡Queridos Amigos!

El Evangelio de hoy, nos lleva directamente al corazón donde, según Jesús, se forman los pensamientos. Buenos y malos.

Es un Evangelio que nos invita a fortificar nuestra casa sobre Roca y por ello, sobre una personalidad equilibrada y firme. El único requisito: escuchar su Palabra y ponerla en práctica.

Escucha interiorizada y acción consciente de lo que esa Palabra, ha incentivado en nuestro corazón.

Dice una parte del Evangelio:

«El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón lo habla la boca».

Seguimos un día más acompañando a Jesús por su recorrido por la vida. El contexto continúa en el “Sermón de la Planicie”, donde ha proclamado las Bienaventuranzas después de pasarse una noche entera en oración y haber elegido a los suyos.

Ayer exponía una máxima pagana. Ya Platón lo decía: «un ciego no puede guiar a otro ciego, pues los dos se caerían al hoyo, añade Jesús».

Hoy, nos invita a transitar por el escrutinio de nuestro juicio interior y de nuestra rectitud de intención cuando guiamos a otros, sean hijos en el trabajo, u otras responsabilidades que tengamos.

¡¡¡Qué maravilla!!! Hoy nos va a educar, enseñar a tener un dominio sobre nosotros mismos, fortificado nuestra vida en su Palabra. Nos invita también a tener cargos de responsabilidad en esta vida.

Quiero recordar algunos puntos del Evangelio de ayer, que los dejé para añadirlos al de hoy.

Así: Jesús es nuestro verdadero Maestro, y nos quiere completamente formados para poder dirigir a los demás, empezando por nuestras familias. Esta tarea académica o docente de Jesús es increíble.

La diferencia entre el profesor y el Maestro, es que con éste último los discípulos convivían. No sólo aprendían sus lecciones (cómo con el profesor), sino que le tenían constantemente como referencia. Hablaba, pero también enseñaba con sus actitudes y forma de hacer las cosas.

Trasladémonos a esa época. Jesús tenía una casa que compartía con sus apóstoles. Es decir, desayunaban, comían, cenaban juntos. La casa estaría ordenada, limpia, y Jesús se movía por la misma. Los días difíciles para Él, los compartía con los suyos. Luego veían como respondía ante las agresiones o insultos que recibía de los escribas y fariseos.

Por eso Jesús les enseñaba también con su propia personalidad. Los discípulos observaban cómo sería también manso y humilde en su día a día. Era coherente su doctrina porque coincidía con su conducta. Así los discípulos, imitaban toda su vida y el aprendizaje era muy intenso.

Jesús, sigue conviviendo con nosotros. Lo único que hemos de hacer es ser conscientes de ello y darle cabida en nuestro quehacer cotidiano. Cuando nos pasen cosas difíciles en medio de nuestra jornada, tenemos con nosotros al Maestro que nos guiará hacia la mejor solución.

Hoy, la Palabra nos invita a centrarnos en nuestro interior. Siempre salimos o solemos salir con prejuicios hacia el otro. Sin conocer al otro de verdad, ya vemos sus defectos. Pero no nos quedamos en ello, queremos corregirlo no desde el amor sino desde lo que nos molesta de su actuar.

¡Qué fácil es dar consejos gratuitos que nadie nos pide y describir en un segundo y sin reflexión alguna todo lo que consideramos que no funciona en el otro! El problema es que nosotros lo hacemos desde nuestra propia experiencia muchas veces herida y no vemos que lo que tanto nos incómoda del otro es justo nuestra propia viga.

La gran sabiduría de las Escrituras estriba en que la Palabra, nos edifica desde la esencia antropológica de nuestro ser y ello es de una riqueza inmensa que no tiene precio.

Jesús ya sabe de nuestro carácter y conoce nuestro corazón.  Hay veces, que nuestras obras son buenas y otras son malas. Antes de salir a quitar la brizna del ojo ajeno, hemos de entrar en una verdad purificación de nuestras intenciones y corregir con amor y extremada paciencia nuestros defectos.

Cuando algo nos moleste mucho del otro, primero ¡paremos! Vayamos a nuestro Rincón de oración, o delante del Sagrario, o del mar o montaña, o de ese lugar mágico que nos envuelve en nuestra ciudad, o espacio preferido, y pensemos porqué nos genera tanta rabia, ira, angustia o ansiedad esas actitudes del otro.

Distanciémonos de nosotros mismos. Pidamos mucho Espíritu Santo y valoremos donde nos duele el otro. Con mucha caridad con nosotros mismos, analicemos que hay en nuestro interior que aún ha de ser enraizado en Cristo y en una conducta transformada y nueva en nuestra vida.

Desde ahí y con paz, podemos y debemos ayudar al otro a quitar la brizna que me impide ver su historia con los verdaderos ojos de la fe y caminar de otra manera más equilibrada y armoniosa por la vida.

Hemos de convertirnos en verdaderos discípulos de Jesús para después poder cómo Él enseñar a los que Dios nos entrega en Custodia, el verdadero sentido de la vida.

Cuando nos corregimos a nosotros mismos desde la fe y con todos los recursos humanos que la psicología, filosofía, medicina, derecho, y sobre una base firme de la teología que una verdadera educación cristiana nos regala, nos preparamos para ser maestros de los demás. El único Maestro es Cristo, pero necesita de nuestra autoridad, para llegar a muchas almas rotas.

San Juan Crisóstomo, siempre actuó con humildad, amabilidad y paciencia, ante los males de los demás. Lo hermoso es que cuando nos trabajamos de verdad a la Luz de Cristo, nos volvemos muy libres y sabemos amar a los demás, aunque nos hagan daño y aprendemos a distanciarnos de esas conductas muchas veces, infantiles de quienes nos hieren y les ayudamos justo con nuestra conducta amable y firme, comprensiva y constante en mostrarles que los queremos cuando menos se lo merecen, que es cuando más lo necesitan.

¡Cuidemos nuestro corazón cómo un verdadero tesoro y que la Palabra, sea nuestro motor! Escucharla y dejarse penetrar por cada uno de sus significados y desde esa Roca, vivir y actuar en coherencia con nuestra Esencia. ¡Esa esencia es la Identidad espiritual de nuestra realidad y el camino verdadero a transitar, es el que nos lleva, a todos juntos, al cielo!

¡Un abrazo fuerte a todos!

Custodia Cordis❤️