Comentario evangelio 11.04.2021

Comentario evangelio 11.04.2021

Evangelio San Juan 20, 19-31

¡Queridos Amigos!

DOMINGO DIVINA MISERICORDIA

¡Qué maravilla supone saber que peregrinamos juntos hacia el Cielo!

El Evangelio de hoy nos lleva directamente al Cenáculo donde estaban reunidos, once hombres muertos de miedo y de dudas. Se habían quedado solos, estaban en pleno duelo y cada uno de ellos, con sus remordimientos interiores, posiblemente por no haber estado a la altura de las circunstancias en la Muerte tortuosa de su Mejor Amigo, de su Maestro.

Sin embargo, ¡¡¡esas dudas que el propio Evangelio nos transmite, nos hacen mucho bien!!!

Tomás, Dídimas, se le apodaba como Mellizo. ¡Qué increíble coincidencia, que no lo es, porque es nuestro mellizo en la incredulidad! Sin embargo, Jesús, le abraza con el corazón porque conoce que es un hombre bueno que está buscando desesperadamente, encontrarse con Jesús.

Gracias a Tomás, todos podemos meternos en su corazón y saber con certeza, por sus palabras que Jesús resucitó en su Cuerpo herido y ya transfigurado. Centremos la escena.

De nuevo San Juan, recalca que:

«Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

La Resurrección, tuvo lugar una semana antes y en el Tercer Día desde el Viernes Santo, es decir el Domingo, María Magdalena fue de madrugada y allí se encontró con su Amado y ya le envío en Misión hacia los propios Apóstoles. AHORA ES EL ATARDECER de ese mismo día primero de la Semana para los cristianos.

Así se pasa del Sabat judío, día entregado a Yahveh, a Consagrar el Día del Señor que será el domingo. Ya el Apocalipsis habla del término “Día del Señor”. Así vamos aprendiendo cómo empezó la Iglesia. Estaban en comunidad. Muertos de miedo a la muerte por los judíos, cómo nosotros ahora vivimos tan de cerca la muerte de tantos y todos estamos amenazados por ella. Muy similar su situación a la nuestra.

Nuestro Cenáculo, en esta época de la historia, es nuestra casa. Todos estamos con las puertas bien cerradas para que no entre el virus. Sin embargo, Cristo traspasó todos los cerrojos físicos y mentales de nuestra vida. Él puede moverse en nuestros temores sin miedo porque murió por cada una de nuestras dudas y angustias.

Y fijaos en algo precioso que hoy he estudiado en la Lectio Divina. Cuando el Evangelio dice que se apareció en medio de ellos y les dijo:  LA PAZ ESTÁ CON VOSOTROS.

Se refería, no a un deseo, ni una sensación, sino a una Persona de la Santísima Trinidad que era Él. La Paz, es Él. Él con las llagas de la Cruz y la Victoria de la Resurrección, unidas, es la Paz. Cuando estamos inquietos y muy dispersos porque nuestra mente, no para, no para, hemos de buscar la verdadera Paz que es Él clavado en la Cruz y Resucitado en cada una de nuestras heridas.

¿Dónde está tu paz, amigo, amiga?,¿¿¿En la nevera???, ¿¿¿En el control del trabajo???, De que va a pasar con la economía y, por tanto, ¿¿¿¿piensas y piensas como todos los hacemos en crear miles de soluciones para salir adelante????, En limpiar todo para no contagiarnos???, En llamar a tus amigos en busca de respuestas que no pueden darnos????

¿Dónde está nuestra Paz? Él en este domingo de su Divina Misericordia, se aparece en medio de nuestro Cenáculo, que es este grupo de oración y camino, cómo lo es también tu familia, y nos dice: NO TENGAS MIEDO, DESCANSA EN MI.

Él nos cuida cómo a las Aves y los Lirios del campo. Quizás, éste sea un momento histórico de creer más que nunca en la Palabra. En hacer carne en nosotros, el Evangelio que nos une cada mañana. El Evangelio, invade de Luz nuestra comunión espiritual. Jesús cada mañana, nos regala una vitamina especial para el alma. Nos inyecta antibióticos para la mente y corazón. Su Palabra, sana constantemente nuestros pensamientos e incapacidades.

Mirar la Cruz largas horas estos días, es curarnos y desde Ahí, Él nos abrirá el camino, nuevos caminos jamás pensados en nuestro pobre entendimiento, abatido por tanto dolor que nos rodea. Esa Cruz resucitada. Y al pie de nuestras incertidumbres, clavadas con Cristo en esa Cruz resplandeciente, está María. ELLA NOS CUSTODIA CÓMO NUNCA.

Sin embargo, HEMOS DE DAR UN GRAN SALTO DE FE. Nos lo pide. Si nos soltamos de verdad, Él hará todos esos milagros que está deseando regalarnos. Pero el milagro requiere, muchas veces, de nuestra comunión con Él y solo nos pide cuatro Palabras que le reveló a Faustina, en la Divina Misericordia:

JESÚS EN TI CONFÍO

Y así con Tomás, podremos decir: Señor Mío y Dios mío. Dios de mi vida y de mi biografía. Dios de mis sueños y fracasos. Dios de mis miedos y mis afectos. Dios que has creado y diseñado mi Corazón y comprendes todas mis acciones y no me juzgas cómo los hombres, sino que me educadas desde tu Misericordia, aunque la prueba sea dura y parezca imposible de transitar.

Fijaos que el Evangelio termina diciendo que Jesús se apareció muchas más veces que las que se han recogido en los Libros Sagrados. Me ha encantado saber que estuvo con ellos dándoles esa fortaleza de la que va más allá de nuestra esperanza cansada, en esta época de la historia.

Se apareció Resucitado y les dio Espíritu Santo para afirmarles en su identidad de Hijos de Dios y apóstoles de Jesús, en espera de irse para siempre al Cielo y que, en Pentecostés, El Espíritu Santo, invadiera del todo esos Corazones rotos (de los apóstoles), que iban a evangelizar un mundo necesitado de Dios Padre Misericordioso. Nosotros somos de nuevo, enviados en esa misma Misión.

¡¡Un abrazo fuerte a todos!!

Custodia Cordis ❤️