Comentario evangelio 10.09.2022

Comentario evangelio 10.09.2022

Evangelio San Lucas 6, 43-49

¡Queridos Amigos!

Es tan importante este Evangelio para Custodia Cordis, que mi alma, me inspira a enviaros hoy, varias partes de la Lectio Divina de Santa Clara, para que podáis meditarlas desde el CENTRO de vuestro CORAZÓN.

Es increíble la importancia del corazón en el ser humano. Tanto a nivel espiritual, físico, como neurocientífico.

En el Corazón, es donde hemos de edificar esa casa maravillosa de la que habla hoy el Evangelio. Allí es donde Dios, viene a vivir con nosotros. Es nuestra morada interior. Nuestro refugio nuclear cuando el mundo o las circunstancias de la vida, nos sobrepasan. Ahí en nuestro Corazón, está la verdadera Fuente de nuestra Paz, si sabemos descubrir que es cierto, que, en nosotros, habita la Santísima Trinidad.

Os invito a leer, orando, las explicaciones exegéticas de hoy:

La enseñanza que se inspira en la imagen del árbol nos remite a la situación de Palestina, una tierra que, desde diferentes puntos de vista, ofreció a Jesús muchos motivos para sus enseñanzas y para sus parábolas. El que ha tenido la suerte de visitar esa tierra sabe por experiencia cómo da frescura y vivacidad a la lectura de las páginas evangélicas.

Para Jesús, cada persona es como un árbol: porque si es bueno puede dar frutos buenos, y porque no es posible pretender que dé frutos buenos si es malo. La orientación de las palabras de Jesús va, por consiguiente, del interior al exterior (del corazón a los hechos), pero también del exterior al interior (de los hechos al corazón).

Palabras como éstas debieron de estremecer a sus discípulos y a sus oyentes. Jesús sabe bien lo que hay en el corazón de cada persona y habla desde un conocimiento que le es absolutamente propio, frente al cual todos sienten que son como un cuaderno abierto de par en par. Para Jesús hay, pues, un tesoro bueno y otro malo (v. 45): en ambos casos, se trata del corazón de la persona humana, fuente de sus pensamientos y manantial de sus acciones.

Una última observación nos lleva a considerar que Jesús exige a sus discípulos el compromiso de traducir la profesión de fe “Señor, Señor” (y. 46) en actos concretos de obediencia. Pero les exige también que todo acto de obediencia se inspire en la fe que han recibido como don.

MEDITATIO

Las palabras de Jesús que constituyen el centro de la página evangélica que hemos leído hoy merecen una última profundización. Volvamos a oírlas: “El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón, y el malo de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla su boca”.

Es la motivación lo que nos importa señalar: el corazón humano conoce una plenitud en cierto modo incontenible, que desborda del corazón a la boca. Es como decir que la persona humana es un ser completo y unitario: por mucho que se esfuerce en separar sus pensamientos de sus palabras, nunca conseguirá descubrir el juicio de Dios. El corazón, en efecto, es la “central” de la persona humana: en él nacen y de él brotan pensamientos buenos y pensamientos malos, proyectos buenos y proyectos malos, acciones buenas y acciones malas.

La persona que del tesoro bueno de su propio corazón saca el bien es “semejante a un hombre que, al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre roca”. El buen corazón que ha recibido como don y que intenta cultivar con todas sus fuerzas le ofrece continuamente material para construir, ladrillo a ladrillo, la casa en la que podrá habitar con su Señor, la tienda en la que podrá buscar y encontrar a su Señor, la morada de la intimidad. Por el contrario, la persona que de su tesoro malo saca el mal es como el que construye sobre tierra insegura, sin fundamento. El corazón malo que se ha fabricado sustrayéndose a la escucha de la Palabra y negándose al diálogo con su Señor no sólo le aleja cada vez más de la intimidad con Dios, sino que le aparta también de las relaciones fraternas; más aún, le contrapone a todos aquellos que han sido convocados por Dios en su casa.

ORATIO

Oh Señor, presentarse disfrazado con un yo que no se tiene es engaño, prometer un bien que no ha sido cultivado es decepción, hablar de las propias cualidades sin traducirlas en obras es vanagloria, escuchar sin poner en práctica es una pérdida de tiempo.

Oh Señor, sólo quien haya madurado su yo en su propio corazón estará en condiciones de presentarlo original y apetecible para el bien de muchos; sólo quien haya cultivado sus propios puntos fuertes en el silencio de su yo profundo podrá ofrecerlos con fuerza y valor para apoyar a quien lo necesite; sólo quien vive en el silencio puede captar y valorar su propia realidad y la que le rodea, aprendiendo a exteriorizarla con pocas palabras, verdaderas, y con muchos hechos.

Oh Señor, sé que sólo puedo llevar ante los otros lo que he recogido en la quietud, en tu presencia, porque sólo tú transformas la calidad de mis acciones.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️