Comentario evangelio 10.09.2021

Comentario evangelio 10.09.2021

Evangelio San Lucas 6, 39-42

¡¡Queridos Amigos!!

«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?  ¿No caerán los dos en el hoyo?»

Seguimos escuchando el contenido de las enseñanzas de Jesús. En Lucas se recogen muchas de ellas en los versículos y capítulos siguientes al día de las Bienaventuranzas.

Lo que hoy nos regala tiene mucho que ver con el Evangelio de ayer. Nos centra cada vez más en lo profundo del Corazón. Ayer nos decía que hemos de Amar a nuestros enemigos y concretaba actitudes que nos ayudan a ello: no odiarles, rezar por el que te injuria, no juzgar, dar bien a cambio solo de dar sin esperar nada a cambio, poner la otra mejilla. Actuar con los demás con la misericordia de Dios y hacer al otro lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

Hoy nos recuerda que dos ciegos se acabarán cayendo. Si estamos ciegos no podemos guiar a otros que también lo estén. ¡Y nos da una de las herramientas más grandes del mundo de la psicología!

Antes de juzgar al otro y entrar en miles de emociones negativas desde la ira, rabia, odio, venganza, envidia, difamación, juicios…Antes de todo ello, nos invita a pararnos y mirar hacia dentro. Escrutar en nuestro corazón, ¿por qué surgen esas conductas dentro de nosotros ante la actitud del otro?

¿Qué hay dentro que no está curado?; ¿Qué “pus” sigue saturando heridas profundas del corazón y del alma que gritan cuando las tocan?  El juicio que el otro nos provoca, nos indica que algo del otro, está también en nosotros. Cuando ante la acción del otro, reaccionamos y buscamos obsesivamente cómo atacarle y lo mal que está y nos complace criticarle como sí así, se sanara el daño que sentimos, está claro que no vemos la viga que hay en nuestro ojo. Jesús nos recuerda que esta actitud nos muestra un desequilibrio, una falta de armonía interna.

Es lógico que las actitudes no misericordiosas de los demás, duelen. Es lógico que salga nuestra rabia. Incluso es muy bueno que salga porque la rabia nos guiará hacia la restauración de nuestra dignidad. También es cierto que objetivamente, el otro se pude haber pasado mucho y su conducta sea muy injusta y objeto de una corrección fraterna y de la adopción de límites claros. ¡Es así! No se trata de tragar de forma pasiva y anular nuestra esencia. Todo lo contrario. Se trata de reparar y restaurar el daño y además hacerlo de forma no violenta. No utilizando las mismas armas del que nos ha herido.

Ésta es la gran revolución del Reino de Dios. Responderemos a la vida desde un proceso de aprendizaje difícil pero apasionante y así dejamos de ser víctimas de los demás y nos convertimos en dueños de nuestra vida y nuestro corazón. Además, con estas nuevas actitudes seremos referentes incluso del que nos ha dañado.

Cuando alguien nos provoca con críticas injustas y actitudes vejatorias, está esperando que vayamos corriendo a responderle desde el odio y la ira. Si lo hacemos, ganará la batalla segura y nos quedaremos mucho peor.

Romper el círculo vicioso y adictivo del conflicto es lo mejor que podemos regalarnos y regalar al que nos hiere. El otro actúa desde su propia biografía. Sus vivencias y sus heridas. Si sabemos apartarnos y mirar los hechos con objetividad y sin interpretaciones nuestras, podremos empezar a escuchar las verdaderas necesidades del que nos lastima. Al entender sus necesidades, rebajamos la angustia y seguimos custodiando también nuestras necesidades.

Entonces hemos de buscar:

Primero, el objetivo que pretendemos con nuestra respuesta.

Segundo, cuáles son nuestras necesidades no cubiertas y nuestras emociones y sentimientos afectados.

Tercero, hemos de estudiar si esas necesidades no cubiertas, son anteriores a la conducta del otro y ¿qué medios tengo para cubrirlas?

Cuarto, hemos de observar si al otro le estamos pidiendo la vida y que cubra necesidades que jamás nos podrá saciar ni él ni nadie ya que esos vacíos, dependen de nosotros y de Dios.

Quinto, buscar estrategias diferentes para poder abordar nuestros vacíos, sensaciones de abandono, inseguridades. Y aprender a ir curando las propias heridas que causan esas necesidades no cubiertas. A veces son heridas de infancia, de los padres, o de personas que ya no están, o no nos pueden dar lo que no nos dieron en su momento.

Si es así, existe una palabra preciosa que es: Reparentalidad e implica la labor ingente que hemos de hacer con nosotros mismos. El adulto que todos llevamos, y es ese hombre nuevo del que nos habla San Pablo, ha de hablar con nuestro niño/a asustado/a. Porque muchas veces los demás lo que dañan es nuestro niño/a interior herido/a. Éste actúa algunas veces de forma rebelde y otras de forma sumisa. Pero ya no somos niños y a ese niño o niña interior sólo podemos reeducar nosotros. Reparentalizarnos, es convertirnos en nuestros propios padres con el aprendizaje que ahora tenemos.

Y todo ello entra dentro de la siguiente frase del Evangelio de hoy:

«No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro».

Jesús nos necesita apóstoles muy activos en esta evangelización de la afectividad. Y para ello, es nuestro verdadero Maestro y nos está formado. Sólo alcanzaremos una verdadera madurez cuando nos tomemos muy en serio este APRENDIZAJE.

Ello implica un verdadero proceso de regencia interior. La mejor manera hoy de Evangelización, es con nuestra propia vida, y con nuestra enseñanza a los demás de aquello que nosotros nos trabajamos diariamente. De ahí la importancia ingente de ser muy activos en este maravilloso trabajo interior.

Así que hoy nos lleva a fijarnos en nuestras vigas. Y sólo curándonos y con una verdadera modificación cognitiva de aquellos pensamientos, conductas, forma de hablar agresiva, formas de responder y no reaccionar ante el mal del otro, podremos ser referentes y linternas en un mundo muy oscuro y enfermo.

Tenemos esta responsabilidad.

¿Quieres acoger este cambio interior real?

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️