Comentario evangelio 06.10.2021

Comentario evangelio 06.10.2021

Evangelio San Lucas 11, 1-4

¡Queridos Amigos!

Hay dos Evangelistas que nos revelan el Padre Nuestro. Lucas y Mateo. Es el de Mateo, el más largo, la versión que ha acogido la Iglesia a la hora de rezar el Padre Nuestro.

Lucas, nos entrega la versión reducida. Sin embargo, es bellísima en su inicio.

Dice Así:

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

San Lucas, nos presenta en diferentes ocasiones esta realidad de Jesús orante. Oraba en muchísimos momentos de su vida. Oraba ante decisiones importantes, como lo fue la elección de los apóstoles; en el día a día, como nos nuestra hoy la Palabra; o en momentos dificilísimos, cómo lo fueron los que transitó por la Pasión.

Así, los suyos con los que convivía constantemente y en la misma casa, lo veían y conocían esta relación íntima y constante con el Padre. Y en esta mañana, uno de ellos, se acerca a Jesús, justo después de orar y le pide que les enseñe a orar a ellos también.

Me imagino, la entrega absoluta en la oración de Jesús. Entrega que movería corazones. Él no se dirigía a un Dios distante sino a un Padre muy cercano. Padre al que necesitaba, como un bebé necesita a su madre nada más nacer. Y ello es así, por la intimidad tan honda de su corazón que se fundía con el de su Padre.

Y Jesús les enseña a orar, repitiendo una Palabra, que iba a cambiar la historia de la humanidad. Palabra que dejaba atrás la visión judía de un Dios lejano y a la vez, un Dios que les había elegido cómo Pueblo y les educaba cómo hijos a los que amaba. Yahvé, era su nombre. Y Jesús, nos revela que ese Dios Creador del universo, es NUESTRO PADRE.

Un Padre, que, desde el cielo, nos Custodia día y noche. Un Padre, cuyo nombre es Santo. Y por ello, está por encima de cualquier ídolo de barro al que tantas veces adoramos, y perdemos con ello, la verdadera libertad que nos ha regalado.

Un Padre, que nos ENCARGADA su REINO nos da esa confianza de ayudarle a que ese Reino, sea vivido en esta Tierra. Venga a nosotros tu Reino, en primer lugar, en nuestros Corazones.

Reino de Paz y Justicia. Reino donde el respeto al otro, el reconocimiento del tiempo que cada uno necesita, la caridad primera con los más cercanos, a los que es más fácil humillar y despreciar, cuando nuestro corazón está herido, son los verdaderos valores que debemos purificar, antes de salir al mundo a llevar su Palabra.

Palabra que ha de anidar en nuestro corazón, como base de una actitud orante. No se trata solo de escuchar y hacer. Primero hay que orar y orar. La simplicidad, el sentirnos todos parte de un TODO, es lo que nos enseña el Padre Nuestro.

Somos hermanos de un mismo Padre. Cada uno con unas capacidades y necesidades propias. Unos son más activos, otros llegan con más tiempo al lugar que el Señor les regala en cada momento. Y así, cada cual, con sus dones, formamos una gran familia bajo un mismo Padre.

Un Padre, eternamente paciente y eternamente misericordioso. Que comprende y ayuda a cada uno de sus hijos a crecer y ser Luz para los demás. Para ello, sabe esperar, no invade jamás nuestros corazones de forma violenta, entiende nuestros deseos más profundos y a la vez, las necesidades no cubiertas de nuestro ser.

Y quiere proveernos, no solo el Pan de cada día a nivel material, sino el pan que necesitamos para alimentar cada una se nuestras emociones y cada una de nuestras heridas. Pan de cada día.

Antes de salir al otro, debemos también nosotros, proveer el pan de los más cercanos. Sean de nuestra familia o sean las personas que Dios encomienda en nuestro caminar. Y ese PAN, empieza por la amabilidad, el respeto, la consideración, que cada uno de nosotros, necesitamos por ser hijos del Padre. No podemos pisar la debilidad del otro. No podemos saciar nuestras rabias internas, con los más indefensos.

Para ello, hoy Jesús, nos enseña a Pedir al Padre que nos ayude a perdonar a los que nos dañan. Perdonar a los que nos quitan la paz y nos roban energía para seguir adelante. Perdonar al que no nos trata con delicadeza, que no excluye el decir las cosas con autoridad. Perdonar al que abusa de nuestra confianza y de nuestra bondad.

A la vez, hemos de pedir perdón a Dios por las mismas conductas antes señaladas, que salen también de nuestro corazón. El pecado del otro, saca nuestro pecado. La oscuridad del otro, provoca nuestra propia oscuridad y viceversa. Por ello, hemos de pedir a Dios perdón tantas veces y que nos ayude a perdonar, cómo Él nos perdona.

Sentirnos, no solo amados, sino también perdonados, nos abre las puertas a la autoestima y al reconocimiento de nuestra propia libertad. Al ser Padre, hoy nos vamos a quedar, con los cercanos. Con esa Paternidad, que nos hace reconocer en el otro, aunque sea muy diferente a mí o a lo que yo deseo de él, nos hace reconocer, desde la filiación divina, que es mi hermano, mi hermana. Y muy queridos, no en nuestras fuerzas, sino en la Gracia que nos regala el Corazón del Padre.

Custodia Cordis, siempre ha vivido la pertenecía a ese TODO, sabiendo que cada uno de nosotros, es sólo una parte del TODO y reconocer en el otro, esa comunión en una verdadera Familia en la Fe, es un regalo para nuestro corazón.

Así unidos, podemos con Jesús, hoy rezar: PADRE NUESTRO.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️