Comentario evangelio 06.08.2021

Comentario evangelio 06.08.2021

Evangelio San Marcos 9, 2-10

¡Queridos Amigos!

Precioso día de la Fiesta de la Transfiguración del Señor. Es un alto precioso en el camino.

Momento de un Silencio especial para adentrarnos en lo que aconteció en ese momento y lo que sigue aconteciendo en la Verdad de nuestros corazones.

Tengo escrito el comentario de hoy, y, sin embargo, necesito reflexionarlo y contemplar más este precioso Evangelio antes de enviarlo. Así que lo haré a lo largo del día.

Ahora, unas breves referencias sobre esta Fiesta inmensa: la Transfiguración del Señor.

Del mismo modo que el episodio de la transfiguración prepara en el evangelio a los apóstoles para entrar en la comprensión del misterio de la pasión-muerte de Jesús, así también en la Iglesia, casi con el mismo propósito, se celebra la fiesta de la Transfiguración cuarenta días antes de la correspondiente a la Exaltación de la Cruz. La fiesta de la Transfiguración ya aparece desde el siglo V en el calendario de la liturgia oriental para recordar la subida de Jesús al monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan, testigos privilegiados de su gloria. El episodio está atestiguado de manera concorde por los evangelios sinópticos. La fiesta se difundió rápidamente también en la Iglesia romana, pero no fue  introducida oficialmente hasta el año 1457, con ocasión de una victoria obtenida contra los turcos.- Oración: Oh Dios, que en la gloriosa transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Para las primeras comunidades cristianas de Gracia a quién evangelizaba Lucas en los años 80, fue un hecho trascendente en su fe. Veréis que está muy unida a la agonía de Jesús en Getsemaní.

Cinco puntos son importantes en el Evangelio de hoy.

1- La crisis;

2- La oración de Jesús y su transfiguración;

3- Dos personajes bíblicos que hablan con Él: Moisés y Elías;

4- El sueño de los apóstoles;

5- La nube y la Voz de Dios.

Jesús, se hallaba en plena crisis pues llevaba ya tiempo enfrentándose a los sumos sacerdotes, escribas, fariseos, jefes importantes del mundo judío y romano, ya que les ponía en la verdad de la Palabra de Dios y no le creían. Sabía que iba a morir por ser auténtico y tampoco los suyos le entendían.

Ya les había anunciado su muerte en la Cruz, sin embargo, los más cercanos a Él, seguían esperando ese Mesías glorioso, un jefe carismático que resolviera lo material del pueblo judío. Un líder político-religioso, en una defensa muy específica del pueblo judío.

Jesús, está triste y preocupado y en esos momentos de crisis profunda, hace lo que nos ha enseñado a nosotros. Se retira a la montaña a orar. Busca la voz del Padre en el Corazón del Silencio.

Nadie humanamente le va a poder complacer, entender, aliviar. No encuentra regazo humano en quién reposar y necesita ir al Padre.

Seguro que sí tenía ese Oasis de abrazo en su Madre y las Santas Mujeres, pero en los momentos más duros o difíciles del ser humano, nos hemos de enfrentar a una soledad poblada de aullidos, como dice la Escritura.

Solo Dios Padre, Creador puede penetrar en las entrañas de nuestro sufrimiento más profundo y entenderlo y mirarlo y besarlo.

Y Jesús, subió al Monte a buscar a Dios y ¡¡en esa oración profunda, sucedió un milagro!! Se transfiguró. Su rostro cambió y sus vestiduras se llenaron de un blanco resplandeciente como la luz.

Lo mismo nos puede pasar a nosotros cada vez que nos sentimos solos, muy solos y no encontramos el apoyo que nuestro corazón desearía. Es un momento precioso de buscar la soledad y el silencio. Jesús iba a la naturaleza. Allí sentía la voz de la Creación y cómo Él, nuestro rostro, oprimido cuando sufrimos, se trasfigurará, seguro.

También lo dice otro Salmo: Salud de mi Rostro Dios mío.

Los dos personajes que aparecen, son emblemáticos en el mundo judío. Moisés que representa la Ley y Elías que representa a los profetas.

Ambos han tenido experiencia del Éxodo. Del paso de la muerte a la vida. Por ello, hablan con Jesús de ese Éxodo que ha de vivir en Jerusalén. Dios le permite ser comprendido en plenitud por estos dos queridos personajes de hoy.

Nuestro corazón, muchas veces va a tener esta experiencia de éxodo. ¿Cuántas veces hemos salido de la muerte óntica de nuestro ser y por medio de abrazar nuestra Cruz de cada día, tenemos experiencia de resurrección?

Esa es nuestra vida. Siempre lo digo. Existen dos montañas importantes en nuestra historia: Tabor y Getsemaní.

Cuando estamos en momentos bellos, alegres, exultantes en los que el corazón canta como San Pedro: Qué bien se está aquí, hemos de recoger todos esos frutos para cuando lleguen los otros momentos de Getsemaní y el sufrimiento aflore en nuestro día.

Las dos montañas se miran. Cuando estemos en una hemos de mirar a la otra. En Getsemaní, hemos de tener nuestros ojos del corazón puestos en el monte Tabor. Habrá resurrección seguro.

En los momentos de Cruz, hemos de recordar todo lo que Dios ya ha hecho en nuestras vidas. La Cruz en este sentido salvífico, nos abrirá nuevas puertas. Un nuevo horizonte lleno de esperanza, se encuentra al final de cada éxodo de nuestra existencia, por el que hemos de pasar.

Los discípulos estaban dormidos. Igual que en la noche de Jueves Santo. Jesús se encuentra a los suyos dormidos en las dos montañas. (Lo dicen los exegetas) Así muchas veces, nos escondemos ante las pruebas de la vida. Solo queremos la Gloria, pero huimos del sufrimiento con victimismos o angustias destructivas que nos encierran en un pequeño o gran infierno interior.

Hoy Jesús, nos enseña a estar despiertos ante la realidad de los acontecimientos. No huir de ellos, pero sí transfigurarlos.

Él está siempre a nuestro lado para poder transitar por las dos montañas con seguridad y elegancia interior.

Por último, esa Voz de Dios que dice:

Este es mi Hijo amado, Escuchadle.

En estos momentos, desaparecen Moisés y Elías como símbolo de que la Nueva Ley de Dios y su interpretación pertenecen a Jesús. Él da sentido a todo.

Igual en nuestra vida. Las verdaderas experiencias de oración profunda, acaban con el regalo de poder escuchar la voz de Dios en nuestro corazón.

Por medio de Su Palabra, y por medio de nuestro silencio real. Él nos hablará con toda seguridad y aprenderemos a entenderle. Muchos ya habéis tenido esa experiencia.

El gran milagro que acontece en el monte Tabor es que son los ojos de los apóstoles los que realmente se transfiguran y pueden contemplar la verdad de nuestra existencia y es el cuerpo Transfigurado de Jesús Resucitado que transfigurará también los nuestros. Por eso, con esos ojos transfigurado, veremos el Rostro bellísimo de Dios en todos los demás y ellos lo verán en el nuestro.

¡Qué este verano, nos sirva para descubrir cómo nos habla de verdad! Quizás escuchando una cascada, las olas del mar, los pájaros, los niños alegres en la piscina…y muchas otras manifestaciones de la naturaleza que este tiempo de verano, nos regala.

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️