Comentario evangelio 04.10.2021

Comentario evangelio 04.10.2021

Evangelio San Lucas 10, 25-37

¡Querida Familia!

Estamos en octubre. Mes dedicado al Rosario.

Con ello iniciamos de nuevo nuestra cadena de Rosarios. ¡Qué maravilloso es el Rosario! ¡Qué oración tan bella que nos hace contemplar toda la vida de Jesús!

Nuestra Señora la Virgen del Rosario. Cuya fiesta tiene lugar el próximo día 7. Esta conmemoración fue instituida por el papa San Pío V en el día aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla naval de Lepanto (1571), victoria atribuida a la Madre de Dios, invocada por medio de la oración del Rosario.

Ser amantes del Rosario, es un regalo para el alma. María está tan cerca de nuestro Creador, se quieren tanto, que es imposible no obtener sus Gracias por medio del Rosario.

El Evangelio de hoy nos muestra precisamente quién es nuestro prójimo. Para los judíos solo lo era el que pertenecía al mismo clan o a la misma sangre. Jesús nos entrega un concepto muy distinto de ver al prójimo.

Y lo hace por medio de la Parábola del Samaritano. Un hombre baja de Jerusalén a Jericó y al pasar por el desierto de Judea es atacado por bandidos y malhechores que le desnudan, le pegan y le dejan sin nada. Realmente este desierto al que hoy geográficamente sí se acerca Lucas, existía y era un paso muy peligroso. Luego Jesús utilizaba ejemplos muy actuales para los de su época. Era un lugar peligroso, donde la delincuencia y los robos, formaban parte del camino.

¿Qué he de hacer para ganar la vida eterna?, es la pregunta formulada por un maestro de la ley a Jesús. Aquí observamos perfectamente el legalismo, la ley sin espíritu. ¿Qué he de hacer? Jesús le va a contestar desde una modificación absoluta de su corazón. Cumplir la Ley de Dios, es una Gracia que nos viene del Espíritu Santo. Por eso cuando nos atascamos y vemos que no podemos perdonar esa relación que tanto daño nos hizo y nos sigue haciendo o que esta conducta concreta es imposible cambiarla, en nuestras fuerzas, así es, pero con el Espíritu Santo, será seguro diferente.

La herencia de Dios es un regalo del Padre para cada uno de sus hijos, cómo lo es la de nuestros padres. Lo que sí hemos de hacer es saber administrarla bien, y ese es nuestro trabajo personal.

Amar a Dios con todo el alma, corazón, fuerza, mente ¡Vaya catequesis para escrutar horas y horas! Sin embargo, hoy Jesús nos lleva a ese desierto y a ese pobre hombre herido. Y lo ven primero dos personas, representativas del poder Judío: un sacerdote y un levita. Ambos dan un rodeo y lo dejan en el suelo.

Es un extranjero de Samaria el que siente compasión y se le acerca porque lo ha visto. Le cura las heridas con lo que tiene, que es vino y aceite, y lo carga en su propia cabalgadura. Lo lleva a una posada, pero no se desentiende de él, pues le pide al posadero que le dé todo lo que necesita, y luego él pasará y le pagará los gastos.

¡Increíble la misericordia de este samaritano! Yo al leerlo sentía una verdadera Custodia de uno al otro. Casi el samaritano me está enseñando lo que es Custodiar.

Es un término que implica muchas connotaciones:

1- Jurídica: ya que viene de un encargo sobre otro que te da la ley. En este caso, Dios nos manda la Custodia de tantas personas destrozadas y solas.

2- Moral: porque no se trata de hacerlo solo por cumplimiento, sino de poner en ese cuidado del otro lo que hoy ha puesto el samaritano: Misericordia y una delicadeza inmensa. Desde esa misericordia, tocó las heridas, las vendo con lo que tenía.

3- Espiritual: Nosotros tenemos esa Palabra de Dios que nos educa para ser unos verdaderos misioneros de la misericordia, y lo cargó en su propia cabalgadura. Es decir, cargar las heridas del otro, no dejarle abandonado ante su desgarro. Y eso, solo lo podemos hacer con Cristo. No podemos cargar la Cruz del otro, pero sí ser sus cireneos, y siempre de la mano de Jesús, que es quién ya ha cargado cada una de nuestras llagas y muertes del alma y del corazón.

Ese hombre estaba roto porque le habían quitado todo lo que tenía. Muchas personas de este grupo, habéis sentido y vivido lo que es perder tus sueños y el dolor de ver desquebrajada a tu familia. Y desde esa experiencia de pobreza y precariedad, os habéis convertido en verdaderos samaritanos para muchos otros que se quedan tendidos en el desierto de sus vidas.

Jesús hoy nos lo dice a todos: Haz tú lo mismo.

Nos llama esta mañana, a la misericordia, donde vemos la herida del otro, nos paramos, le acariciamos, limpiamos esas heridas, las vendamos, y le llevamos a un lugar seguro para que se cure del todo, y nos preocupamos de su verdadera recuperación.

Ese lugar seguro, esa posada, es la Iglesia. El vino y el aceite, los sacramentos. El samaritano venía de una zona, que no se caracterizaba por la religión y el orden, sino todo lo contrario. Ello nos da mucha esperanza. Este querido protagonista de hoy, fue seguramente un hombre herido. Qué conoció la herida y quizás, profunda. Por ello, pudo ver la herida abierta del otro y pudo entregarse a su custodia.

Recuperar al hombre herido, es una hermosa misión de Custodia Cordis, y de cada persona, esté donde esté. Lo acompañamos desde su corazón quebrado, al corazón amante del que verdaderamente le puede curar, que es Jesús.

¡¡Un abrazo fuerte a todos!!

Custodia Cordis❤️