Comentario evangelio 04.03.2021

Comentario evangelio 04.03.2021

Evangelio San Lucas 16, 19-31

¡Queridos Amigos!

¡¡Un día más!! Una oportunidad más de mirar un poquito más allá de nuestro mundo. De levantar la cabeza y no centrarnos en nuestro propio ombligo.

Y de nuevo, tenemos la Gracia de recibir hoy su Palabra. Una Palabra viva. Muy viva que nos interpela profundamente. ????????☘️????????

El Evangelio de hoy es de San Lucas. Es un Evangelista muy descriptivo, y al leer el texto, casi lo visualizas. Está lleno de sutileza, matices, colores…y es una perícopa (así llaman los teólogos a los diferentes escenarios del Evangelio) que nos la sabemos. Cómo nos sabemos los cuentos de cuando éramos pequeños.

Un rico (Jesús no le pone nombre) y un pobre, muy pobre (Lázaro). Los dos viven juntos. Uno rodeado de riquezas; el otro en la puerta de su casa esperando comerse las sobras del rico. Lleno de úlceras, que los perros le lamen en escena de compasión máxima.

Pero…los dos mueren. Es el rico el que hoy habla desde lo más profundo del abismo. Pide unas gotitas de agua…Y pide ante la negatividad de Abraham, que pueda ir a la tierra a decir a los suyos lo que pasa después de la muerte. También le es negada está petición. Le contesta Abraham algo muy duro:

Tienen a Moisés y la Ley y no hacen caso. Tampoco lo harían, aunque vieran a un muerto.

Increíble la dureza de nuestro corazón. Sabemos las cosas, las sabemos, pero no le damos importancia. Vemos un signo extraordinario, pero no somos capaces de creer que Dios nos habla.

Esa riqueza de hoy, también es la que nos rodea. Y me refiero a la gran influencia del materialismo, que convierte a los pobres en personas invisibles para nosotros.

¡¡No vemos lo que nos molesta!!! Incluso damos míseras limosnas para calmar nuestra conciencia.

Siempre recordamos anécdotas hermosas de nuestros padres. Yo recuerdo de los dos, el cariño inmenso con el que trataban a los pobres.

Se paraban con ellos, les llamaban por su nombre, se sabían sus vidas. Cuando mi padre iba a Misa cada día, en su sillita de ruedas, hasta el último momento, lloviera o tronara…siempre había una pequeña cola de mendigos que le saludaban, le daban la mano, le ayudaban con la silla a subir a la Iglesia y lo hacían con sumo respeto porque se sentían respetados. Igual con mi madre.

Pues…el día que fuimos a firmar la herencia de mi padre, recuerdo al salir de la notaría en una buena zona de Barcelona, acercarse a mí, una mujer que parecía salida de un cuento de los años cincuenta. Era una mujer pobre y me pidió sólo unos céntimos y yo entendí que Dios me hablaba. Cuando se los di me dijo:

Todo lo que has dado en esta vida, Dios lo ha recibido.

Y miré al cielo y lloré de gratitud porque sentí que Dios había visto todo lo que mi padre hacía desde lo más profundo de su corazón. Dios lo ve todo.

Esa mujer bella, como si fuera un ángel de esas películas de Navidad, me sonrió con una gran dulzura que no puedo olvidar.

Salir de nosotros al otro y hacerlo no porque toca, sino porque en el otro ves a Dios, herido, lleno de úlceras, pidiendo las migajas de lo que nos sobra, es adquirir una dimensión hermosísima de la vida que te hace superar muchas tonterías que solo nos anulan y empequeñecen.

¡¡Un abrazo fuerte a todos!!

Custodia Cordis❤️