Comentario evangelio 02.10.2021

Comentario evangelio 02.10.2021

Evangelio San Lucas 10, 17-24

¡Queridos Amigos!

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Ángeles Custodios.

Fiesta preciosa porque cada uno de nosotros, estamos acompañados por uno de ellos. Son reales, existen. No es una fantasía, sino una realidad teológica.

Nos cuidan de tantas y tantas situaciones, que no tendríamos palabras para agradecerles lo que hacen por nosotros y lo hacen por Amor a Dios. Y por un amor inmenso a cada uno, ya que Dios Padre, les ha encomendado nuestra Custodia y nuestro cuidado.

El Evangelio de hoy, es una grandísima enseñanza del ir contracorriente en relación a un mundo cada día más y más narcisista y soberbio.

Jesús, nos enseña a ser sencillos, simples, humildes. Nos enseña a redescubrir la belleza de nuestro niño, de nuestra niña interior.

Esa niña libre, ese niño sano y con ganas de descubrir la vida. Esa niña femenina y tierna que va descubriendo su propia biología y la grandeza de la maternidad desde muy pequeñita.

Esa frescura de nuestra infancia, es la esencia de un alma que sabe Amar según Dios nos ha creado.

Con el tiempo, las heridas, van anidando en cada uno de nuestros corazones. Es inevitable y a la vez, forma parte del proceso maravilloso de madurez en el que se convierte la vida.

Hoy es un Evangelio de ilusión. Seamos de nuevo libres, juguemos de forma limpia con la vida y mantengamos esa pasión que tienen y nos siguen enseñando cada día, nuestros pequeños.

Dios nos quiere verdaderamente libres por dentro, aunque por fuera, la dinámica del mundo, nos aprisiona sin darnos cuenta.

Cómo estamos en plena peregrinación de la sanación de las heridas con Magdala, y en misión de voluntariado desde Custodia Cordis, en Alianza con Magdala, os envío la Lectio Divina de hoy de Santa Clara, porque nos hace reflexionar de nuevo sobre la importancia de estar al servicio del Reino de Dios.

Vale la pena, que podamos escrutar las lecturas de hoy.

LECTIO DIVINA

En este fragmento, Jesús nos invita y nos enseña a contemplar la realidad de un modo más penetrante y más conforme con el suyo. La lógica humana tiene sed de grandezas y de prestigio, se liga a las apariencias y pisotea lo que no se muestra con bella apariencia. La lógica del Reino de los Cielos va en una dirección opuesta y para acogerla es preciso cambiar de mentalidad, o sea, convertirse. Es verdaderamente grande quien es sencillo, inocente y carece de pretensiones; quien se confía con gratitud al cuidado y al amor de Otro. Estos pequeños son los predilectos del Señor: sus ángeles custodios -de apariencia invisible- ven siempre el rostro de Dios y están muy próximos a él. Dado que el Padre rodea a los niños dándoles los ángeles más espléndidos, los discípulos de Jesús deberán abstenerse de despreciar a los pequeños e intentar más bien llegar a ser como ellos.

MEDITATIO

La primera lectura nos pone de nuevo frente a la urgente tarea que supone para cada creyente colaborar en la edificación del pueblo de Dios y robustecer su camino en la fe. En cuanto discípulos de Jesús, estamos llamados, por habernos adherido a su seguimiento, a descubrir también que la pasión por la comunidad del Señor no puede ser algo secundario para quien ha experimentado el inmenso amor que Dios tiene por su pueblo.

La dureza de las condiciones que Jesús pone a los aspirantes a discípulos no tiende a formar un discípulo que persiga un elevado ideal ascético, cosa que podría engendrar en el ánimo una especie de sentimiento altanero de seguridad o indiferencia hacia los otros; Jesús recuerda aquí más bien que el discipulado es gracia y que las renuncias propuestas deben ser entendidas sólo como manifestaciones de un radicalismo en el amor.

Se trata de la disponibilidad para hacerse ofrenda, a imitación de aquel que, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza (2 Cor 8,9). El arado en el que nos dice que pongamos la mano es el servicio generoso, perseverante, humilde, al Reino. Eso significa que debemos roturar los duros terrones de nuestro corazón, renunciando a expectativas y proyectos sólo nuestros, para buscar, en cambio, por encima de todo, el bien del pueblo de Dios, tal como hicieron Nehemías y los justos de Israel y tal como hicieron los innumerables santos de la Iglesia.

ORATIO

Señor Jesús, infunde en mí una sincera pasión por ti, un profundo deseo de seguirte y de servirte en tus hermanos y hermanas. Sin embargo, tú conoces lo débil que soy frente a los obstáculos que encuentro en mi camino, unos obstáculos que engendran en mi corazón dudas, vacilaciones, contradicciones. Revísteme, pues, de tu fuerza para que no ponga la mano en el arado y, después, por cansancio u otro motivo, acabe por volverme atrás.

Concédeme un corazón indiviso que sepa reconocerte en todo instante como el Señor de mi vida y no se deje arrastrar por distracciones, afanes o embriagueces.

Concédeme no escandalizarme de ti cuando te descubro pobre, débil, sin una piedra donde reposar la cabeza. Suscita en mí eso que echo de menos: el compartir, el amor por ti, una fidelidad capaz de perseverar en la contemplación de tu santa pasión y muerte. Amén.

CONTEMPLATIO

¿Has oído contar la antigua historia de Lot y sus hijas (cf. Gn 14,15ss), cómo Lot se salvó con sus hijas ganando el monte, mientras que su mujer acabó transformada en una estatua de sal? Fue inmovilizada así para que se hiciera perenne el recuerdo de su perversa elección de volver la mirada hacia atrás. Has de llevar, por tanto, buen cuidado en no volver la mirada atrás después de haber puesto la mano en el arado (cf. Le 9,62), en no volver con semejante comportamiento a la amarga salinidad de la vida precedente (cf. Dt 4,23; Tob 4,13), y has de refugiarte en el monte (Gn 19,17) junto a Jesús, la Piedra no cortada por mano de hombres que ha llenado el universo (cf. Dn 2,34-35.45) (Cirilo de Jerusalén, Le Catechesi, Roma 21997, pp. 440ss).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: Mi Dios me protegía con toda su bondad (Neh 2,8).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La llamada de Jesús al seguimiento convierte al discípulo en un individuo aislado. Quiéralo o no, debe decidirse, y debe decidirse solo. No se trata de una elección personal, por la que pretende convertirse en un individuo aislado; es Cristo quien transforma al que llama en individuo. Cada uno es llamado individualmente. Debe seguir individualmente. Temeroso de encontrarse solo, el hombre cusca protección entre las personas y cosas que le rodean. De un solo golpe descubre todas sus responsabilidades y se aferra a ellas. Quiere tomar sus decisiones al abrigo de estas responsabilidades, no desea encontrarse solo, frente a frente con Jesús, ni quiere tener que decidirse mirándole solo a él. Pero ni el padre ni la madre, ni la mujer ni los hijos, ni el pueblo ni la historia pueden proteger en este momento al que ha sido llamado. Cristo quiere aislar al hombre, que no debe ver más que al que le ha llamado.

En la llamada de Jesús se ha consumado la ruptura con los datos naturales entre los que vive el hombre. No es el seguidor quien consuma esta ruptura, sino Jesús mismo en el momento en que llama. Cristo ha liberado al hombre de las relaciones inmediatas con el mundo, para situarlo en relación inmediata consigo mismo. Nadie puede seguir a Cristo sin reconocer y aprobar esta ruptura ya consumada. No es el capricho de una vida llevada según la propia voluntad, sino Cristo mismo quien conduce al discípulo a la ruptura. […]

Todos se lanzan aislados al seguimiento, pero nadie queda solo en el seguimiento. A quien osa convertirse en individuo, basándose en la Palabra de Jesús, se le concede la comunión de la Iglesia. Se halla en una fraternidad visible que le devuelve centiplicadamente lo que perdió. centiplicadamente? Sí, porque ahora lo tiene sólo por Jesús, todo lo tiene por el mediador, lo que significa, por otra parte, con persecuciones. Centiplicadamente, con persecuciones, es la gracia de la comunidad que sigue a su maestro bajo la cruz. Esta es, pues, la promesa hecha a los seguidores de convertirse en miembros de la comunidad de la cruz, de ser pueblo del mediador, pueblo bajo la cruz (D. Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 57.63).

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️