Comentario evangelio 02.07.2021

Comentario evangelio 02.07.2021

Evangelio San Mateo 9, 9-13

¡Queridos Amigos!

¡¡El Evangelio de hoy es de Mateo y se centra en la llamada del Apóstol San Mateo!!

Sígueme es hoy la primera Palabra que me brota del corazón ante este texto.

Mateo era publicando y recaudador de impuestos. Es decir, del grupo de los excluidos por los fariseos y escribas. Y va Jesús, y le llama.

Y no solo le llama, sino que va a su casa, ¡¡se sienta en su mesa y está rodeado de más publicamos y pecadores!!

Y los judíos ya piensan mal. Hemos de tener en cuenta que quinientos años antes de Jesús, cuando el pueblo judío estaba en cautiverio en Babilonia, empezaron a cumplir las Leyes tan estrictas que estamos aprendiendo en el Evangelio. La Ley de la Pureza excluía a un gran número de personas del acogimiento social. Jesús viene a abolir está Ley con hechos.

Él no va a ser condescendiente con los que quieren separar y matar al hombre en su identidad. Él viene a sentarse con cada uno de nosotros justo cuando nos sentimos excluidos y juzgados por los otros.

Jesús es valiente y su autoridad es muy sana. No va a claudicar ante las críticas de los demás. Y no sólo no va a permitir que su actitud cambie por miedo al qué dirán de los influyentes, sino que va a cuestionarlos a ellos. Les va a desconcertar constantemente con preguntas y respuestas llenas de la lógica de Dios, que esos hombres con corazones inmorales, no sabrán contestar. La única respuesta que darán, será el odio, la envidia y la persecución hacia Jesús.

El viene a curar a los enfermos, a los pecadores. ¿Y quién puede considerarse sano y justo para que Jesús no pueda salvarle?

¡Nadie, absolutamente nadie!

Nos llama desde nuestra debilidad y justo porque en esa pequeñez, Él se va a manifestar.

La gran esperanza es que se sienta cada día en nuestra mesa. Por eso, el ALTAR DE LA MESA de cada día.

En ella nos reunimos entre familiares, amigos o compañeros. En esa mesa ponemos nuestro ser al servicio del otro, no a la mera satisfacción de nuestro apetito y muchas veces de nuestra ansiedad que mira la comida como una droga que pretenda calmarla.

En esta llamada concreta que hoy nos hace; en este hoy que es la nueva oportunidad de convertirnos, Jesús nos pide saber estar en la mesa con dignidad.

Esa dignidad empieza con muchas dosis de misericordia. Esta misericordia, es hoy, también protagonista de nuestro Evangelio.

Misericordia quiero que no sacrificios. Hoy Jesús reza este Salmo, estás Palabras bíblicas que adquieren toda su autoridad en Él.

Y esa misericordia va desde no excluir a nadie y tratar a todos con la misma dignidad, hasta saber escuchar atento al que se sienta con nosotros, sacar temas interesantes y no hacer de la comida un manifiesto unilateral y victimista de nuestro día o nuestra vida. Compartir el Pan, es darse en ese encuentro con todos nuestros sentidos, y servir con alegría, el agua, los platos, levantarse sin que nos cueste, para proveer a la mesa de lo que le falta.

También implica dejarse atender por el otro con gratitud y señorío. Saber educar a nuestros niños en no empezar a comer hasta que estemos todos y que aprendan normas de urbanidad en la forma de saber coger los cubiertos, y poner una buena mesa.

Todo esto, es misericordia y caridad y dominio de uno mismo sobre los impulsos que ven la comida con ojos de dependencia. Comer bien, buenos y sanos alimentos, buscar la salud, también en esa mesa, es tener una estructura sana en Cristo y así ser luz para muchos.

¡Qué la mesa sea lugar de encuentro, escucha, educación y fe! Esa bendición bien hecha y sabiendo que Jesús está presente en esa Mesa. En ese Altar. ¡Poner belleza en nuestro día a día, es ser unos buenos discípulos de Jesús!

Custodia Cordis❤️