Comentario evangelio 01.10.2021

Comentario evangelio 01.10.2021

Evangelio San Lucas 10, 13-16

¡Queridos Amigos!

El Evangelio de hoy es muy corto y diríamos que duro. Veréis que tiene lugar justo después del Evangelio de ayer, cuando Jesús envía a los 72 a predicar.

La explicación teológica de estas ciudades, es muy interesante y nos ilustra la Fe y el corazón. Por ello, os envío en esta ocasión, la Lectio Divina para que, de la sabiduría de los exégetas, podamos ir aprendiendo más y más del Evangelio.

En la Lectio de hoy, a su vez, nos presentan la figura de Santa Teresita del Niño Jesús. Es una santa tan dulce y tiene tanto que explicarnos, que vamos hoy a conocerla un poquito más. Yo me quedo con la inmensa humildad de un alma limpia y absolutamente entregada al Señor.

 

LECTIO DIVINA DE SANTA CLARA

Lucas sitúa el juicio sobre las ciudades del lago tras el envío de los 72 discípulos en misión (Lc 10,1-12), dejando entender así un desenlace negativo de su anuncio Jesús había ofrecido a los enviados una especie de vademécum para su misión; aquí, en cambio, indica las condiciones requeridas para una efectiva acogida del Evangelio del Reino.

Las ciudades del lago son sometidas a un juicio severo (w. 13-15) por no haber respondido con una fe verdadera y una sincera conversión al anuncio de los discípulos de Jesús. Corozaín, Betsaida y Cafarnaún fueron las ciudades en las que más actuó Jesús, anunciando la Buena Nueva y realizando en ellas muchos milagros; sin embargo, no creyeron en el Evangelio ni cambiaron de conducta. Por eso se les profetiza una suerte peor que la de Sodoma y Gomorra, que representan en la tradición bíblica la oposición más obstinada a Dios (cf. Gn 19). Jesús establece otra comparación con Tiro y Sidón: estas ciudades, enemigas de Israel y extrañas a la promesa, se han mostrado más abiertas a la escucha de la Palabra de Dios y disponibles a la penitencia que las ciudades judías situadas junto al lago de Genesaret.

En la conclusión del discurso, Jesús se refiere al principio de la Shalia, en virtud del cual el enviado goza de la misma autoridad que quien le ha enviado y, por consiguiente, puede exigir la misma obediencia que se debe a quien le envía. Dado que los discípulos han sido enviados por Jesús, que a su vez ha sido enviado por su Padre, recibirles o rechazarles significa recibir o rechazar a Dios mismo.

En consecuencia, la decisión se convierte en una cuestión de salvación o perdición: Quien os escucha a vosotros a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado (v. 16).

MEDITATIO

Teresa de Lisieux se ha vuelto para la Iglesia de nuestro tiempo la imagen de una testigo de la pureza del Evangelio y del mensaje sencillo y gozoso de la nueva evangelización. Si, apenas entrada en la gloria, la difusión de sus escritos autobiográficos conocidos como Historia de un alma suscitó admiración y consenso por todas partes, nuestro tiempo ha redescubierto en ella la fuerza del testimonio del Evangelio y la misión incisiva de presentar el rostro de Dios de una manera renovada a los hombres y a las mujeres de hoy.

Como creció, tras la muerte prematura de su madre, a la sombra de un padre que manifestaba la fuerza de la naturaleza paterna y también la naturaleza de una madre, no le resultó difícil a Teresa descubrir al mismo tiempo el seno genuino del Dios cercano y misericordioso, con rasgos paternos y maternos. Probada en lo más vivo de su aguda sensibilidad por la enfermedad de su padre y por la suya propia, supo captar en la kenosis de la fe el sentido más genuino de la pobreza evangélica, del compartir la mesa de la amargura junto con los hermanos pecadores, alejados de Dios, aunque amados siempre por un Dios de misericordia y de ternura, el cual, del mismo modo que se inclinó sobre el rostro doliente de su Hijo amado, se inclina amoroso sobre todas sus criaturas, sin excluir a ninguna.

Ya en su nombre religioso, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, resume Teresa la kenosis de la encarnación y la kenosis de la pasión, la pequeñez del niño de Belén y el vaciamiento del Cristo de la cruz. Mas en el amor a Cristo y a los hermanos, Teresa descubre el secreto de su vida, lo descubre en un amor probado en el crisol, pero que el Espíritu Santo pone incandescente de ansias apostólicas, hasta convertirse en una vocación: ser en la Iglesia el amor. El amor infinito del Dios del Antiguo Testamento, que Teresa acoge con alegría, como una niña del Reino, y el amor de Jesús por los pequeños son dos palabras de vida de su existencia, que han forjado su imagen de santidad. Una imagen que atrae a todos, incluso fuera de la Iglesia católica, porque revela el verdadero rostro de nuestro Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que ama infinitamente a todas sus criaturas.

ORATIO

Tus palabras son mías y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial. Pero, Señor, cuando digo que deseo que los que tú me diste estén también donde yo esté, no pretendo que ellos no puedan llegar a una gloria mucho más alta de la que quieras darme a mí. Quiero simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en tu hermoso cielo. Tú sabes, Dios mío, que yo nunca he deseado otra cosa que amarte. No ambiciono otra gloria. Tu amor me ha acompañado desde la infancia, ha ido creciendo conmigo, y ahora es un abismo cuyas profundidades no puedo sondear.

El amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, ¡Ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano…Para amarme como tú me amas, necesito pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo.

Jesús mío, tal vez sea una ilusión, pero creo que no podrás colmar a un alma de más amor del que has colmado la mía. Por eso me atrevo a pedirte que ames a los que me has dado como me has amado a mí. Si un día en el cielo descubro que los amas más que a mí, me alegraré, pues desde ahora mismo reconozco que esas almas merecen mucho más amor que la mía. Pero aquí abajo no puedo concebir una mayor inmensidad de amor del que te has dignado prodigarme a mí gratuitamente y sin mérito alguno de mi parte (Teresa del Niño Jesús, Manuscrito C, versión electrónica).

CONTEMPLATIO

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez… Comprendí que, si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas…

Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos…

Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla, que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime.

Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos, y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. ĄY también a sus corazones quiere él descender!

Éstas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina… Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella. Y así como en la naturaleza todas las estaciones están ordenadas de tal modo que en el momento preciso se abra hasta la más humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al bien de cada alma (Teresa del Niño Jesús, Manuscrito A, versión electrónica).

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día estas palabras de la santa de Lisieux: Mi vida es un instante, una hora de paso. Oh Dios mío, sabes que para amarte en la tierra no dispongo más que de hoy. (Teresa del Niño Jesús, Poesía n. 5)

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Teresa del Niño Jesús es una figura que me es muy entrañable, que siento cercana y compañera de camino porque, cuanto más profundizamos en su pequeña vida, tanto más nos damos cuenta de que se trata en realidad de la única vía. Fe pura y amor puro, con la aceptación consciente de no ver nada, de ser débil e imperfecta; como otros santos, Teresa empieza allí donde la mayoría de los cristianos se detiene. Pero hay un aspecto de su experiencia que quisiera subrayar, la experiencia de la laceración interior, indicada por ella con estas palabras: Nieblas que me rodean, penetran en el alma, tormento que se redobla, no quiero continuar escribiendo de ello; temería blasfemar, tinieblas cada vez más densas, lucha y tormento no durante algunos días, no durante algunas semanas.

Es el sufrimiento de quien se siente unido con Dios y no puede poner en tela de juicio este vínculo, pero al mismo tiempo se siente solidario con el hombre, con sus propios hermanos, con las personas cuya suerte, esperanzas y angustias comparte hasta el final. Teresa vive atraída irresistiblemente hacia la patria luminosa y al mismo tiempo envuelta completamente por las tinieblas de una tierra opaca y afligida por nieblas impenetrables. Más aún, la imagen que usa es la de sentirse sentada a la mesa llena de amargura en la que comen los pecadores, los incrédulos […].

Teresa es santa porque aceptó esta laceración interior y la vivió con la seguridad de que, en Cristo muerto en la cruz, esta laceración se recompondría en unidad. Escribe: Atráenos, Jesús, con el fuego de tu amor, únenos a ti tan estrechamente que seas tú mismo quien viva y goce en nosotros…ť (C. M. Martini, Presentazione, en Teresa de Lisieux, dottoredella Chiesa, / miei pensierí, Milán 1997, 7-9).

 

¡Un abrazo fuerte para todos!

Custodia Cordis❤️