Somos laicos comprometidos en medio de un mundo “afectivamente muy enfermo”. Somos muchos fieles cristianos donde la Custodia de tantos corazones heridos, se convierte en nuestro horizonte misionero.

Cuando el corazón se rompe, la persona se pierde en un abismo de dolor inmenso. Si hablamos de corazón, hablamos de algo muy profundo.

Solo podemos custodiar el corazón del otro, en el Sagrado Corazón de Jesús y desde el Inmaculado Corazón de María, donde todo se hace nuevo.

Los amigos de Custodia Cordis fomentarán un estilo de vida sensible al sufrimiento humano. En este sentido, custodiarán en el corazón de Cristo el dolor y las heridas de todos aquellos que se acerquen con su corazón roto. Para ello, tendrán una actitud de disponibilidad en el sentido de que, tanto en su familia, como en su trabajo, en su círculo de amistades y de relaciones sociales, así como en las diversas actividades ordinarias que realicen, serán sensibles a cuidar la pobreza afectiva de cualquier ser humano que necesite ser acogido.

¿Cuáles son las 3 R de CUSTODIA CORDIS y que buscamos?

Ayudar a las personas con heridas afectivas graves, abrazándolas, mediante un proceso que implica una estructura basada en la REHABILITACIÓN de la persona, como asistencia primaria cuando llega a los profesionales o a la parroquia, mediante el acogimiento, la escucha atenta, y el acompañamiento en su dolor.

Desde esta rehabilitación mínima de apoyo, enseñarle a entrar en un proceso de REGENERACIÓN personal, mediante un camino de discernimiento, aplicando toda la doctrina de la Iglesia estructurada en catequesis elaboradas al respecto por sacerdotes, laicos y religiosos expertos en la materia, que forme un verdadero catecumenado interior partiendo del sacramento del bautismo.

Y, por último, llegar a la verdadera RECONCILIACIÓN de la persona consigo misma, con los de su entorno y con Dios.